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Académica locura / Tomás Hernández

17 de septiembre del 2018

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Académica locura / Tomás Hernández<br />




    El folio sobre el que escribo ahora no estaba totalmente en blanco; tenía el título de un articulo que ya no se escribirá, “Río rojo”. Quería hablar en él sobre la impresionante manifestación del día 11 en Barcelona. Junto al título había añadido una nota para no olvidar la idea, “calles llenas / parlamento cerrado”. Llamaba la atención aquellas muchedumbres en las calles exigiendo una política que, a mi entender, debería gestionarse en el Parlamento que los mismos convocantes de la manifestación mantienen cerrado desde hace meses. Pero, de repente, la mañana del miércoles, 12, una locura por las titulaciones académicas de algunos políticos se apoderó del país. Ya no se oyó hablar de otra cosa; emisoras de radio, telediarios y programas de eso que llaman debates, periódicos e Internet, tertulias, tertulianos y oyentes que llamaban o escribían comentarios, elucubraban, algunos con pretensiones de trascendencia, sobre esta nadería.

    El brote de psicosis académica lo provocó una pregunta del doctorando Rivera al doctor Sánchez: “¿Cuándo va usted a hacer pública su tesis, Señor Sánchez, porque hay dudas razonables sobre ella”. Pedro Sánchez, que no atravesaba su mejor semana, se incendió y entró al trapo. Imaginaba yo qué habría pasado si Pedro Sánchez le hubiera contestado a Albert Rivera: “¿Para cuándo la suya, doctorando Rivera?” Y todo podría haber acabado en unas risas. A lo mejor, se habría hablado entonces de las cualificaciones académicas y de lo poco frecuente que resulta escribir en un curriculum que se tiene la cualificación de “doctorando”. Es, el doctorando, una de las etapas más efímeras del “cursus” académico. Yo sólo he oído la palabra en las lecturas de tesis. En ellas se refieren al autor del trabajo que se presenta como el doctorando. Antes fue alumno de doctorado, o cursó estudios de doctorado, nunca doctorando. Así que el alumno es doctorando durante la hora y media que suele durar la defensa y exposición de una tesis doctoral.

    LA RAE da una curiosa definición de doctorando, “persona que está próxima a recibir la borla o grado de doctor”. María Moliner, sabia maestra, añade que también es doctorando quien se prepara para ser doctor. Así que el señor Rivera puede ser, en efecto, un doctorando. ¿En qué? A lo mejor trabaja sobre Kant, porque ya sentenció que en España se lee poco a Kant y por eso pasa lo que pasa. Y lleva razón, soy el primero en manifestar ese descuido, nunca encontré un ratillo libre para dedicárselo a don Inmanuel Kant; tampoco estoy seguro de que hubiera podido entender mucho, por ignorancia mía, claro está, porque lo complejo requiere inteligencias complejas y no es el caso. Le sugeriría al doctorando Rivera la manera tan inteligente en la que George Steiner explica cómo las ideas complejas acaban llegando al común de los mortales, pero ese sería otro asunto.
    Esta semana sólo se habló de una nimiedad hasta el hartazgo. Y continúa.


   Tomás Hernández.