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CrónicasTrans / Sarita Lasauria
El Altillo y su cuarto milenio

23 de febrero del 2019

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CrónicasTrans / Sarita Lasauria<br />El Altillo y su cuarto milenio


Tras aquella peste de palmeras han seguido las rotondas. Pero antes a Benavides, y a Herrera ahora, pasarán por que los desahució del sillón consistorial el genius loci, el spirit of place de El Altillo, que no es otro que el alma de alguna señorita de la historia de este paseo vagando en sus harapos de muerta por el paraje y cada vez que algún alcalde le da por remodelarlo le abre una tumba a lo E. A. Poe sombreándolo de jaculatorias y ya no dan pie con bola en su futuro político. Les pasa lo que a la ministra Calvo con Franco, y es que a las momias hay que dejarlas a su aire y en su sitio.

La señorita, ya digo que una muerta antigua, no quiere oír de palmerales pero, un poner, tampoco quiere rotondas locas. A la damisela romántica le gustaba la ninfa y su fuentecita por un mirar en el reflejo del agua al hombre de sus desvelos. O sea, que es martinica coplera, pero utilizando el abanico como un tomahawk del más allá cuando le trastocan el mobiliario urbano y la cubierta vegetal que dicen los cursis o los políticos metidos a urbanitas. Y entonces, al político que osa lo que osa, los fulmina, les arruina el voto y fumiga el pretendido carisma con urna incluida.

Y cuando parecía que ya no quedaban las de peina y mantilla llevamos tres lustros con la muerta de El Altillo, que ya he dicho en otro lado que se me aparecía cuando infante y me llamaba doncel y lindezas parecidas de la poesía romántica: la muerta aquella a lo Carolina Coronado pintada por Federico Madrazo, pero polvorienta y ajironada como salida de una cripta de Lovecraft versión factoría Hammer, que es la más recomendada por los góticos que se precien.

Lo cierto es, que los alcaldes siguen tentando a la suerte y sajando El Altillo; uno para ponerle apósito de Ikea y la otra para resucitarlo con un bies de trencadís a lo Gaudí. Y uno por funcional y la otra por modernista a nuestra fiambre Zarzamora la ponen de los nervios, pues que ella no se encuentra sin su alameda, sin la dicha ninfa, la fuentecilla y sus peces de colores y, claro está, sin el militarón pinturero con el que acaso bailara el Vals del Emperador en el cercano casino de cuando entonces con la banda sonora de una pianola allá a los finales del XIX tocada por una solterona. Es normal que la momia necesite un lexatín, si eso fuese posible, que no lo es. Al menos, poniéndonos en lo peor: una vigilia.

Según ha dicho la alcaldesa a Ideal, que es su periódico de cabecera, a ella en la rotonda le gustaría poner una culminación de figura de bronce. No ha explicado más o la periodista no estaba para más explicaciones. Y esto convierte el neoAltillo en celosía romántica o en roman a clef: acaso un guiño a la muerta por si las flies de la cienes y cienes de veces que le he advertido que la espectra es mucha espectra.

Yo, la Herrera, pondría una ninfa; una cosa romántica que levara la ira de esta muerta que no descansa ni está en el Dante; una cosa de por aquí que le guste y sea genuinamente sexitana. A lo mejor algo  que no vino a veranear o pasaba por aquí: quizá ¿unas memorias? No sé, ya digo, algo que amara El Altillo.

Ya sé que las cosas no vuelven, pero la fiambre sigue haciendo sus quisicosas y la verdad es que con respecto al futuro nunca decepciona. Y es lo que dice ella:
- Doncel, todo pasa por torpezas... errores... simplezas.