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Luz del domingo/Tomás Hernández

03 de junio del 2019

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Luz del domingo/Tomás Hernández


    Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) buscó siempre una enseñanza moral en todos sus libros, incluidos sus tres o cuatro poemarios. De estas enseñanzas le preocupó sobre todo la ignorancia y la brutalidad sexual de la España más profunda de su época. “Las novelas de Urbano y Simona” y su continuación, “Luna de miel, luna de hiel”, de título bien explicito, cuenta la historia de una pareja, “Urbano y Simona”, encorsetados por una moral pecaminosa sobre el sexo y el placer. En su novela más conocida, “Tigre Juan”, el asunto es la honra calderoniana. La joven mujer de Tigre Juan, un sencillo tendero que regenta un pequeño comercio de ropa femenina, ha huido con el vendedor de lencería que visitaba el local de Tigre Juan. Toda la novela es, básicamente, el viaje en tren de los amantes y los recuerdos, los reproches y la rabia de Tigre Juan que viaja tras ellos en el siguiente tren. Pérez de Ayala utiliza una técnica narrativa muy eficaz. Divide la página en dos columnas. En la de la izquierda, vemos la dicha de los amantes en el primer tren; en la columna de la derecha oímos la desolación de Tigre Juan. También esta novela tuvo continuación, “El curandero de su honra”, donde cuenta la transformación del personaje desde la ira a la comprensión. Hay, siempre, en el tratamiento de estos motivos escabrosos una mirada de humor.

    La única novela en la que Pérez de Ayala no usa el humor para escribir sobre la brutalidad sexual es en “Luz del domingo”. Luego diré por qué recordé esta novela. “Luz del domingo” forma parte de una trilogía que el autor tituló, con ironía, “Tres novelas poemáticas de la vida española”. No son nada poemáticas, son desgarradoras. La primera, “Prometeo”, es un ataque, demoledor, a la soberbia intelectual. El final es terrible. “La caída de los limones” recuerda aquellas “hojas de cordel” de colores chillones que se colgaban de los tenderetes de las ferias, y contaban crímenes horribles en versificaciones ripiosas. Cuenta la decadencia económica y moral de una familia de la aristocracia pueblerina y residual. “Luz del domingo” es el relato de una violación “por política, no por vicio”, como dice el que lleva a sus tres sobrinos a violar a Estrella y que mira y ordena. El argumento es complejo, incluso complicado en algunos momentos, podría decirse. José Luis Garci rodó una película sobre la novela. No la he visto.

    Estrella es violada por rencillas políticas, por viejas y siempre insatisfechas venganzas de familia. Estrella siente en la calle las miradas una a una. De compasión, algunas; de repudio, muchas; de asco, demasiadas. Estrella y su novio huyen del pueblo, embarcan rumbo a América, un lugar donde nadie los conozca, y por primera vez se sienten limpios y libres. En ese mismo barco también viajan algunos vecinos de su pueblo asturiano. Ya no hay salida. Sólo la muerte.

    Recordé “Luz del domingo” al conocer la noticia del suicidio de Verónica, la trabajadora de IVECO víctima de acoso sexual.
   
Tomás Hernández.