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DeAgosticidades / LaColumnaDelLunes

12 de agosto del 2019

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DeAgosticidades / LaColumnaDelLunes

Agosto viene de ferias varias y agosticidad. Esto último lo ha dicho un político de la oposición en el Pleno municipal donde se aprobaba el inicio para las alegaciones del PGOU sexitano. A continuación, el concejal del urbanismo, savia joven y listo, le ha soltado un zasca monumental al ancien régime.
 
La agosticidad se refiere "a aquellas ocasiones en que se prevé una protesta u oposición masiva, ruidosa o contundente al acto aprobado en sí. En ocasiones, se presentan proyectos cuyo periodo de alegaciones termina en pleno mes de agosto, a ser posible cuando los previsibles alegantes se encuentren de vacaciones o con la guardia baja otras veces, se aprovechan para hacer obras ilegales o cuya finalidad no está muy clara". En este caso, rebate el concejal, las alegaciones tendrán un plazo que llega a tres meses y en cuanto a la ilegalidad el propio periodo de alegaciones, que se amplía a tres meses, la desmonta.
 
Reconozco que presentar un urbanismo en plena temporada ferial llama la atención y tono subrepticio, pero también ese proyecto total de futuro tiene su cohetería y fuegos patronales en sus calificaciones y recalificaciones del suelo, en su proyecto de ciudad futurible y, a veces, rayando la ciencia ficción de los imperios turísticos. Eso sí es agosticidad en el planeamiento del resort y lujo que termina quedándose a lo más en adosados sin jardines, pues que luego hay que buscar al inversor del cinco, el siete o el veinte estrellas y eso es albur incierto que puede convertirse en la lechera del cuento que sueña con piscina privada desbordante al cenit del barranco, un visual espectacular, pero que da vértigo por la lechera que puede irse al vacío, pues es sabido que se llora más por las plegarias atendidas que por las que no o así decía Truman Capote en outfit de santa Teresa.

Una amiga, con nostalgias varias, hace un símil de la agosticidad y el amor mirando en su equipaje pasado: "Agosto era esencialmente del amor, pues que siempre se conocía a alguien en el punto de destino y tenías ese bullebulle de descubrir las cosas, y la relación terminaba un día después de agosto, al punto exacto en que todo se iba a hacer previsible y por tanto, como suele suceder, ya no hay amor".  O sea, que las mariposas del estómago se iban a hacer puñetas de vuelta en el talgo a Madrid o en el Constellation de Iberia, pues que éramos viajeros de la década del pop.

Particularmente, este agosto me entrego a las series Tv y a algún novelón decimonónico, series de cuando tía Eugenia era emperatriz. La otra tarde me vi enterito los dos episodios de Silvio; un biopic de Berlusconi y su Italia que Paolo Sorrentino retrata sin piedad y veracidad, aunque antes se advierta que “Todo es verdadero, todo es falso", todo arbitrario, todo documentado. Agosticidades varias con el potente look Sorrentino que ha captado el punto de horterismo en los políticos egokingsize que por divisa llevan o eres mi siervo o mi enemigo.