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Unos premios, una ausencia, unas palabras / Tomás Hernández

10 de diciembre del 2019

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Unos premios, una ausencia, unas palabras / Tomás Hernández<br />

El pasado 7 de diciembre la Asociación de Amigos de La Herradura celebró el acto de entrega de los premios de poesía, como viene haciendo desde hace ya trece años. Hace trece años Paulino Álvarez nos propuso a Reinaldo Jiménez y a mi formar parte del jurado del premio y ahí seguimos junto a otros amigos que se fueron incorporando. La idea original era la de premiar un poema cuyo asunto fuera celebrar la belleza de nuestro pueblo y darla a conocer. Enseguida nos dimos cuenta de que supeditar el tema a La Herradura y su entorno restringía y acotaba las posibilidades de participación. Desde la convocatoria siguiente el tema es libre y la calidad y la variedad de los textos, así como la participación, aumentó de manera considerable.

    El prestigio de un premio literario se sustenta en la solvencia de la entidad que lo convoca, en la calidad de los trabajos premiados y en la competencia e independencia del jurado. La Asociación de Amigos de La Herradura ha cumplido con creces su respaldo al premio, no solo manteniéndolo durante más de una década, sino con el entusiasmo y la colaboración con que lo ha hecho convocatoria tras convocatoria, año tras año. El pasado fin de semana se entregaron, una vez más, estos premios literarios; tres en el apartado local y el general. Los premios locales siempre nos parecieron una manera necesaria de conocer y animar a aquellas personas más próximas que escriben entre nosotros y que tuvieran la posibilidad de mostrar sus poemas con el reconocimiento de sus vecinos.

    En la última celebración hubo una ausencia y unas palabras entrañables, hermosas y justas que rememoraban esa ausencia. Reinaldo Jiménez contó con sencillez y ternura la labor entusiasta del desaparecido y querido Paulino Álvarez. Contó Reinaldo la manera, insistente, en que Paulino fue congregando a personas que no nos conocíamos alrededor de este premio y que se acabaría convirtiendo en una celebración anual de la amistad más que en un deber.

    Del prestigio del premio hablan los nombres de algunos de los ganadores, Juan José Vélez Otero, Miguel Sánchez Robles, Jorge de Arco, Verónica Aranda, por citar sólo algunos cuya obra ha merecido otros reconocimientos posteriores y que suelen citar en su trayectoria poética este modesto premio de este modesto lugar. Habló Reinaldo del empeño de Paulino en que los poetas locales vieran también sus poemas publicados en una antología y así se hizo con el patrocinio de algunas instituciones, en especial de la Tenencia de Alcadía, que colabora siempre en estos proyectos. Propuso también Reinaldo en nombre de muchos vecinos, en el suyo propio y en el del jurado, que el premio llevara el nombre de Paulino Álvarez como reconocimiento al tesón con el que Paulino se esforzó y trabajó para hacerlo posible. Estas palabras fueron recibidas con un espontáneo aplauso de la mayoría del público y el silencio por parte de la presidenta de la Asociación cuyo rechazo frontal a la posibilidad siquiera de esta idea cuesta entender. Reclamó Reinaldo la oportunidad de este reconocimiento que en nada mermaría el prestigio del premio y mucho menos el de la Asociación y haría justicia a una labor, a un trabajo, al sueño, como dijo Reinaldo, de uno de los  nuestros.

Tomás Hernández.