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El sueño de Greta / José María Sánchez Romera

24 de marzo del 2020

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El sueño de Greta / José María Sánchez Romera

Llevábamos un tiempo sin saber de la joven Greta Thunberg, lo cual, francamente, no sé si es bueno o malo. Quizás sus padres hubieran pensado que una chica de su edad lo que tiene que hacer es estudiar, puede que cayeran en la cuenta de que pueden ser ellos quienes le están robando la juventud convirtiéndola en un símbolo mundial contra la degradación del medio ambiente o el cambio climático, que es la expresión (más bien concepto) que parece haberse consolidado. Podría ser también que hubieran considerado la posibilidad de que al final se convierta en un juguete roto, un producto humano perecedero del que sacan provecho sujetos con intenciones no tan altruistas como la causa que Greta, al menos en apariencia, encabeza.

    Hemos tenido unos meses en los que el nombre y la persona de Greta se han convertido en un referente global. Seguida y casi perseguida como una estrella mundial, esta adolescente ha acaparado la atención y las portadas de todos los medios de comunicación. No sólo eso. La sumisión general del establishment político y económico que compone ese Gotha 4.0 del mundo actual, ha asentido casi postrado ante esta Juana de Arco de la ecología, la doncella de Estocolmo que conducirá al mundo a la nueva era climática.

    Con motivo del la crisis sanitaria provocada por el coronavirus la joven sueca ha salido de nuevo a la palestra para hacer unas sesudas recomendaciones que parecen salidas de un caletre no precisamente adolescente. "Para encontrar soluciones hay que escuchar a los expertos y a la ciencia. Por supuesto, esto se debe aplicar a todas las cri-sis”, "Personalmente recomiendo que hagamos lo que dicen los expertos. Especialmente en zonas de alto riesgo”, "La crisis climática y ecológica es la más grande que ha enfren-tado la humanidad pero, por ahora, por supuesto dependiendo de dónde vivas, tenemos que encontrar nuevas formas de crear conciencia y pedir cambios sin movilizar multitudes. Escuchen a las autoridades locales". Estas frases no se corresponden con las expresiones propias de una jovencita de 17 años y sí de un grupo de asesores de comunicación y managers con expresiones perfectamente escogidas y adecuadas al momento presente. La obviedad de tales frases puestas en boca de Greta a través de las redes sociales no esconde la incompatibilidad de las mismas con su edad ni es suficiente para disimular que existe detrás de ella un staff cuyos intereses o impulsores desconozco más allá de las teorías, conspiranoicas o no, que circulan por las redes. Los mensajes de Greta en las últimas cumbres donde el cambio climático ha sido objeto de análisis y estudio, casi todos opacados por la propia Greta, han contado con las llamaradas verbales de la joven cuyo elenco de efluvios dio para muchos titulares:

“No quiero que tengas esperanza quiero que entres en pánico”
“Nos estamos enfrentando a la sexta extinción masiva y el ritmo de extinción es 10.000 veces más rápido de lo normal”
¿Ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza? ¿Cómo se atreven?”.
"La política me parece muy interesante y es una forma de marcar la diferencia, aparte de esto (los actos de protesta). Pero insisto: cuando sea lo suficientemente mayor para con-vertirme en política, ya será demasiado tarde”.
"Es la crisis más importante que ha enfrentado la humanidad jamás”.

Cómo puede elaborar un chica joven todos estos conceptos, tener conocimientos, y asimilarlos, tales como “la sexta extinción masiva” o elaborar frases de tan buscado impacto (“cómo se atreven?). No es creíble. Detrás de Greta hay algo o alguien, o mal dos cosas, es evidente, ese algo o ese alguien descubrieron un diamante en bruto para popularizar un movimiento, como otrora alguien repararía en el talento y la rentabilidad de Shirley Temple para el cine.

    No cabe pensar que esta joven alberga en su mente inmadura, por razones de edad, todos esos datos, reflexiones y soflamas con las que pone casi de rodillas a la O.N.U., algo a lo que no aspiran ni los presidentes de USA. Sólo el cinismo o la credulidad del ya convencido pueden atribuir a esta joven todos los contenidos que se transmiten por medio de las disertaciones de esta joven. Pensar que ella ha podido pergeñar esos discursos agresivos no es honrado ni realista, cabe pensar que tras ella existen muchos intereses distintos de la causa que promueve, una causa “a priori” justa, pero que, para ser coherente con los principios científicos que pregona, debiera admitir la discrepancia sin condenar a los disidentes al ostracismo o al destino infernal que se deparaba en otros tiempos al réprobo. En todo caso da igual dónde se hayan destilado los mensajes de Greta Thunberg, sino lo que expresan por sí mismos, aunque en este caso y como nunca, el medio es el mensaje.

    Por esos requiebros insospechados de la historia quizá ocurra que gracias a la pandemia causada por el coronavirus se haga realidad, pasajera al menos, el sueño de Greta. Coches, aviones, industrias, fábricas y prácticamente toda la economía mundial, con especial intensidad la contaminante, entran también en fase de drástica reducción o paralización, según los casos. Las ciudades de todo el mundo van a disponer de aire muy limpio, aunque no lo podremos disfrutar paseando, y en general la emisión de gases nocivos y vertidos de la misma naturaleza quedan inactivos por tiempo todavía indeterminado. Cierto es que en tal estado de parada o ralentización, no sabemos cuánto tiempo van a seguir funcionando todas las comodidades y herramientas de confort que de momento seguimos usando con normalidad y formado parte de nuestra vida cotidiana, haciendo más fáciles nuestros quehaceres, rutinas y ocio.

    Todo esto viene también a cuento debido a que vivimos una sociedad en la que se instalado como idea que la obtención de las cosas sin esfuerzo porque el mero hecho de existir nos hace acreedores a una lista infinita de derechos. La ecología se pretende en convivencia con la realidad diaria de millones de personas que se desplazan y viajan por placer en avión, con la fabricación de millones de productos que consumimos de forma compulsiva, con la disposición de numerosos bienes materiales con, en definitiva, una progresión geométrica del deseo de satisfacción de una infinidad de apetencias. El ritmo y modos de producción a los que se enfrenta el cambio climático ha traído también mucho desarrollo, mejoras de las condiciones en la existencia de millones de personas y avances tecnológicos de toda clase que salvan muchas vidas, entre otras incontables ventajas. Por tanto cuando se quiere algo hay que considerar también el coste de alcanzarlo y si estamos dispuestos a pagar el precio que entraña por vía de los sacrificios que impone, ya que desear las cosas con exceso de vehemencia impide juzgar su verdadera importancia y efectos. No es necesario ser un devoto de las teorías del cambio climático para reconocer que algunas de las propuestas que hacen podrían ser, con los debidos matices y ajustes, razonables. El problema es si estamos dispuestos a  aceptar las privaciones que comportan, no vaya a ser que esas olas de protesta que con tanta vehemencia exigen medidas para salvar el planeta no pasen de ser, individualmente consideradas, una exhibición puramente farisea para sentirse en el lado correcto de los tiempos.

    En todo caso podremos aprovechar este tiempo para realizar una especie de ensa-yo general con todo que nos permita comparar la bucólica existencia que la repentina paralización del mundo actual se ha provocado con esta enfermedad y la sucia y contaminada vida que llevábamos. Por fin sabremos si el sueño de Greta puede ser una pesadilla.

José María Sánchez Romera.