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EstiloFinDeSemana / Las ostras

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EstiloFinDeSemana / Las ostras

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Foto: ostras en el restaurante de Almuñécar La última ola


Hay quienes las detestan y quienes consideran que es un chute de mar que te llena la boca y que las convierte en un bocado exquisito. El autor de Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift declaraba en el siglo XVIII que fue "una osadía la que tuvo el primer hombre que comió una ostra". Pero ya Roma las consumía con fruición y se cuenta que el emperador Vitelio llegó a tomar mil de ellas en un solo banquete. Restos arqueológicos encontrados en la zona de El Majuelo sexitano son conchas de estos moluscos e ilustran la gran afición de los romanos por su mórbida y viscosa materia. Y el gran Luis XIV de Francia ingería doce docenas de ostras al día. No digamos ya el París del 1.900 de la Belle époque. En la autobiografía de la divina Isadora Duncan se lee: "Si se me preguntara cuándo empecé a bailar, contestaría: En el seno de mi madre, probablemente por efecto de las ostras y del champán –el alimento de Afrodita".

Las ostras y el champagne, dicen, es el sumun de los afrodisiacos. Vaya usted a saber... No obstante, reconocen reputados gourmand que tomarlas a partir de la dos de la madrugada, media docena con media botella de champagne, es el mejor final de una auténtica fiesta, esa que nunca se olvida. Los sofisticados ingleses, royals en más cosas que sus propios Windsor, fueron los primeros en instaurar los oyster bars  donde se sirven los bivalvos  sobre un lecho de hielo granizado o pilé, a partir de ahí son muchos los especializados en las distintas variedades de ¡ostras, Pedrín!

También, las ostras han dado lugar a recetas famosas con apellidos insignes  como las ostras Rockefeller a base de mantequilla, queso, pan rallado y espinacas. O el Sauté de ostras (gratinadas con sabayón de champagne) que se sirvió la noche en que naufragó el Titanic. Pero para los puristas el estado crudo es el mejor referente para apreciar sabor y textura, con camarero al lado que no cese de abrirlas.

Debemos avisar que, contrariamente a la creencia popular de que los meses con “R” son los más adecuados para consumir moluscos de concha,  las ostras pueden acompañarnos perfectamente en el curso de todas las estaciones del año. En realidad, el único misterio que tienen estos meses de R es que se trata de los más fríos del año, justamente el período que va desde septiembre hasta abril y ello debido a que antiguamente, las ostras se transportaban desde el mar al interior en carretas tiradas por caballos, a temperatura ambiente, por lo que efectivamente los meses más fríos eran los más indicados para recorrer largas distancias. Hoy día, los modernos medios de transporte con control de temperatura permiten el consumo de moluscos de concha en cualquier época del año, con absoluta tranquilidad.