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Álvaro Salvador, “Diario de Florencia” / Tomás hernández

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En este libro de lejanos años hay poemas rotundos y versos hermosísimos, “Aquí hubo mercaderes y hay belleza”. El profesor de la Universidad de León Pablo Carriedo Castro ha escrito un esclarecedor y magnífico prólogo donde analiza y expone no sólo las claves de este “Diario de Florencia” sino también las fuentes teóricas y literarias desde los presupuestos poéticos de Stephen Spender y Cecil Day-Lewis hasta la tradición arábigo-andaluza que se recrea en quasidas, moaxajas, y los grandes poetas de este sur cuyo eco tiembla en las orillas del Arno, en la renacentista Florencia.

    “Diario de Firenze” formó parte de un libro anterior, “Tristia”, publicado con el seudónimo Álvaro Montero que recogía los nombres de su dos autores, Álvaro Salvador y Luis García Montero . No era raro en aquellos años estos libros al alimón; recuerdo uno de los hermanos Trías que publicaron con el nombre de Cargenio Trías, nombre compuesto por los antropónimos de los dos hermanos, Carlos y Eugenio Trías. En 1992 García Montero publicó independientemente sus poemas de “Tristia” y ahora Álvaro Salvador nos da a leer los suyos en una bonita colección “Carmen del Gallo”.

    Lo mejor que se puede decir de un texto, después de treinta años, es que el tiempo no lo ha envejecido ni lastimado, y eso ocurre con los versos de este “Diario de Firenze”. Abre el libro un magnífico poema que rinde homenaje a la lonja de los Uffizi, lugar de transaciones antes y ahora interminable pinacoteca: “Aquí hubo mercaderes y hay belleza”.

    Dos lugares, dos ciudades, se superponen, poema a poema, en “Diario de Florencia” de Álvaro Saalvador, “Amada tierra mía, granada / de oscuros resplandores / ¿estarás todavía / cuando mi paso vuelva? Sobre la imagen de la ciudad propia y lejana ahora, se superponen los portales de Florencia: “recuerda / fue la felicidad, postrera llama, / una rosa violeta en Villa Médicis”.

    Granada no es sólo la ciudad recuperada por el recuerdo personal sino también por la recreación de algunos pasajes de su historia. El poema “Los encuentros” presenta, a lo lejos, al embajador Andra Navagiero paseando por los jardines de “El Partal”, “hermosa fue esta tierra / y hermosa permanece”. Otro poema “Todos los fuegos un fuego” recrea, espléndidamente, un pasaje de guerra y amor. El amor es también el motivo del poema siguiente, “Gacela del joven ignorante”: “Del Amor nada sé, sólo conozco / el cuerpo de mi Amada”.

    “Pedrería”, “Muwassaha del amor que se fue y que se vino”, “Quasida del amor y de la vida”, “Joven gacela herida” son ya en sus títulos el homenaje de Álvaro Salvador al florecimiento poderoso de una poesía que durante muchos siglos se cantó y se leyó por las ciudades y las fronteras de Al-Andalus y que sigue sin mencionarse en nuestros manuales de literatura. Álvaro Salvador no sólo recuerda, revive, en palabras de ahora, los grande motivos de aquella poesía que lo mismo que los poemas de este “Diario” el tiempo no lastima ni hiere:

        Pero a la noche, cuando te diriges
        tembloroso y desnudo hacia tu alcoba,
        verla desnuda es contemplar la tierra
        y verla siempre, siempre, gacela temerosa,
        como cuando algún día fuisteis tan felices
        esclavos del placer y de la vida.

Tomás Hernández