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Lunas de oriente / Tomás Hernández

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El poeta cordobés-almeriense José Antonio Santano publica su último libro, “Lunas de oriente” en una cuidada edición de la editorial granadina Dauro. Los poemas vienen acompañados por su correspondiente traducción al árabe hecha por Meimouna Hached Khabon. Ver el poema en su grafía árabe junto al texto original da una belleza añadida al original, aparte de su finalidad primera.

    “Lunas de oriente” no es un poemario de recreación de los grandes motivos de la poesía árabe, aunque algunos de ellos permanezcan, claro está. Los títulos de algunos de los poemas remiten a ese universo, “En tu nombre Bagdad”, “El jardín del granado”, “Desde el Eufrates al Guadalquivir”. En la dedicatoria aparecen poetas y artistas iraquíes, sirios, turcos, tunecinos, palestinos. Pero lo que el lector va a encontrar en “Lunas de oriente”, además de poesía, es una denuncia, “cuando abre la noche / el misterio en las rosas / y es la mar un relámpago / de dolor la mirada / que yace en la niebla / de la muerte  en arenas / de una playa cualquiera / y a una hora maldita”. Los versos de “El jardín del granado” son una crónica concisa y desgarrada de la realidad de esos pueblos que llamamos oriente: “desde entonces / la voz fue acallada / cortadas las manos / destruidas ciudades / bibliotecas ardiendo / en la noche más larga / los hogares vacíos / por huir del desastre / de la guerra continua / en infierno de vida / de exiliados que andan / con pesadas maletas /  por el mar asesino”.

    Suelen los poemas empezar con una descripción sensorial y emotiva de la realidad para volver los ojos luego a los tiempos de hoy. El poema “Últimos versos” evoca la belleza de Estambul “verso a verso desnudo / en la sangre los verbos / que amamantan los valles / y en la mar los silencios” para volver, compasivo, “al dolor del exilio / en los montes hermanos / clausuradas fronteras / que disparan sus balas / al hermano que huye / de la guerra que duele / como única lágrima”.

    Belleza y denuncia, tradición y actualidad encontrará el lector en esta “Lunas de oriente”; no sólo la referencia a un universo común, sino en también, y sobre todo, el dedo en la llaga de un presente de exilio, desarraigo y muerte del que todos somos responsables.