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Álvaro Salvador: Caras B / Tomás Hernández

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    La tienda de discos de segunda mano, todavía de vinilo, que había en la esquina de mi calle, se llamaba “La cara B”. Era un cuchitril pequeño y oscuro pero atestado de discos. Adolfo, el muchacho que lo atendía, era también un buen lector de poesía y por eso yo lo visitaba de vez en cuando y echábamos un cigarro mientras él hablaba del último libro o poeta que lo había emocionado. Nunca supe si Adolfo era propietario o “gerente” y empleado único de la empresa.

    Adolfo llamó a su tienda “La cara B” en homenaje, decía, a los grandes temas musicales que  a veces aparecían en el lugar más modesto del disco, esa cara B. Algo así es este último libro de Álvaro Salvador, “Caras B”, en una primorosa edición de la Huerta de San Antonio. Recoge el libro poemas que abarcan más de cuarenta años, 1971-2014. Algunos inéditos, la mayoría ya publicada en libro. Si los poemas fueron publicados ¿para qué recogerlos ahora en esta antología de modestas caras B? Quizá, porque, como decía mi amigo Adolfo, en esa cara estaba algunas veces la música más auténtica, los temas más cercanos al autor.

    Los asuntos de los poemas de esta antología aparecen, como es lógico, en libros anteriores de Álvaro, pero el tratamiento de estas caras b es más arriesgado, más alejados de una retórica convencional, como si aún conservaran estos poemas un rescoldo del fervor con que se hicieron, la predilección del autor. Los poemas inéditos de la última parte del libro (2015-2018) son magníficos y muestras, excelentes,  de madurez poética.

    Tiene además esta antología un prólogo, útil y claro, de Miguel Ángel García. Habla en él de la estrecha relación de la poesía de Álvaro Salvador con la música, rock y pop, sobre todo, y señala la resonancia musical en los dos últimos títulos de Álvaro Salvador: “POPpoemas” y estas “Caras B”. Resume Miguel Ángel García en este prólogo el magisterio de Juan Carlos Rodríguez en aquel grupo de estudiantes que sería luego la otra sentimentalidad. Destaca el papel teórico relevante de Álvaro Salvador en la definición ideológica y poética del grupo.

    En esos poemas últimos de “Caras B” también está la música, precisamente en un poema dedicado a Juan Carlos Rodríguez, “Los molinos de tu espíritu”, basado en la canción de Noel Harrison (“The windmills of your mind”) donde le habla al amigo y maestro con desgarro: “Nunca llegué a decirte cuánto fueron míos / los molinos de tu espíritu, / cómo te comprendí las tardes silenciosas / en la calle Silencio / y las tristezas del alcohol, / las impotencias del saber, / las angustias profundas del deseo. /¡Cómo las compartí!”. Está la traición y sus dolor (“El retrato de Dorian Gray”, “Oración de Judas Iscariote”). El poema “Marca España”, de rotundo final, crítica una mitología barata e hipócrita que pervierte y oculta la realidad. Reflexiona sobre las múltiples miradas que el arte nos ofrece en un magnífico poema, “La pequeña bañista” a propósito de un conocido cuadro de Ingres, “como ocurre en la vida / también en la pintura se esconden los deseos”. La pérdida, expresada mediante la ironía, es el asunto de “Este verano tampoco será feliz”. Está, como en todo libro, la pregunta, la búsqueda de uno mismo, la extrañeza, expresada en dos poemas muy dsitintos, “Sarmientos” y “El extranjero”.

    Bienvenida esa cuidada edición de “Caras B” que junta en sus páginas algunos de los poemas más personales y fervorosos de Álvaro Salvador.

Tomás Hernández.