viernes, 23 de agosto de 2019     Síganos en:      

Costa Digital

Encuestas, algoritmos, “fistros” / Tomás Hernández

Imprimir Noticia | Comentar esta noticia



Las encuestas son una realidad nunca concretada, un deseo incumplido, una dicha inalcanzable. Raras veces las encuestas se cumplen; y es peor, asustan a los agraciados y enseguida renuncian a los pronósticos. Le ocurrió al prócer Felipe González, el clandestino Isidoro, que pasó del ingenioso lema “OTAN, de entrada no” a colocar a su colega Solana de secretario general de esa misma organización detestada. Cuando, bajo su mandato, los aviones de la OTAN bombardearon hospitales en la sangrienta guerra de Yugoslavia, se inventó el sacrílego neologismo de “daños colaterales”.

Algo parecido, afortunadamente sin muertos, le ocurrió a la omnipresente televisiva Inés Arrimadas, quien, después de haber ganado brillantemente las últimas elecciones en Cataluña, ni siquiera se presentó a la investidura. Su líder, el ahora enamorado Rivera, acusa de esa misma deserción al candidato Sánchez, el renacido, ya que, con muchos menos votos que Arrimadas en Cataluña, aún no ha sido capaz de formar gobierno, ni siquiera con los proscritos, aunque legales, independentistas. Curiosamente, primero Rivera y después Arrimadas, abandonaron a sus votantes catalanes al albur de la entelequia nacionalista y decimonónica.

Ante este fracaso de las encuestas, se habla ahora de la posibilidad del algoritmo. He de reconocer que no alcanzo la comprensión de ese concepto. Acudiré, como siempre en esas vicisitudes complejas, a mi socio y querido amigo José Miguel Lozano, maestro en la ciencia matemática, a ver si llego a entender algo, aunque sospecho que me ocurra como en aquella ocasión le sucedió al gran poeta granadino Javier Egea, a quien mencionando en cierta reunión al filósofo Schopenhauer, un entendido le afeó: “usted no ha leído a Schopenhauer”. A lo que él respondió sin inmutarse: “es cierto, pero sé de qué pie cojeaba”. Algo así me ocurre a mí con los algoritmos, que sin entenderlos barrunto de qué pie cojean. Me temo que Hitler fuera el algoritmo del fracaso de la Europa de entreguerras, como Trump lo es del fracaso de la democracia.

Con humor, la única salida digna ante la desdicha, el gran Gregorio Sánchez, Chiquito de la Calzada, inventó la palabra “fistro”, que se puede aplicar a todo aquello que defrauda los pronósticos de las encuestas y las esperanzas de los votantes. Y se me ocurre, ante el desacierto de las encuestas y lo incógnito del algoritmo, que si para cualquier oficio, por modesto y miserablemente remunerado que este sea, se exige una prueba oposición, por qué los políticos entran por la puerta grande sin acreditación alguna ni capacidad que los avale. Si es por aclamación popular, el gran “fistro” Chiquito de la Calzada habría sido el más aclamado presidente.

Tomás Hernández