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Opinión

Reinaldo Jiménez, premio Antonio Machado de poesía / Tomás Hernández

22 de septiembre del 2017 | Imprimir

Hace unos meses, quizá un año, Reinaldo me mandó un puñado de poemas como germen de un nuevo poemario. Todavía no era un libro y tenía un título titubeante e inseguro. Hablamos, como casi siempre, a través de unos correos nocturnos y sinceros. Aquellos poemas fueron creciendo y ensanchándose hasta formar un primer borrador con otro título y luego, unos meses después, un libro ya acabado de sencillo título, “De la mano”. Ese libro mereció ayer su reconocimiento con el prestigioso premio Antonio Machado de Baeza y su publicación en la no menos prestigiosa editorial Hiperión. Sus amigos, que somos muchos, nos alegramos de este reconocimiento de la poesía de Reinaldo Jiménez. El premio fue concedido por unanimidad de los cinco miembros del jurado presidido por el editor y poeta Jesús Munárriz.

    Me gustó leer en el acta del jurado el carácter horaciano de la poesía de Reinaldo. Hay un pasaje en la biografía del doctor Johnson escrita por James Boswell, en la que Jonhson llama la atención sobre el hecho de que el arroyo al sur de Nápoles donde Horacio y Mecenas se refrescaron en el siglo I d. C., sigue fluyendo como entonces y que nada ha desviado su curso, ni guerras, ni catástrofes ni la mano del hombre y que sus aguas siguen corriendo claras y frescas, como entonces, por el mismo cauce. Esta anécdota parece ahora apropiada para celebrar la poesía de Reinaldo Jiménez, arroyo limpio y humilde donde se reflejan los cielos, las nubes y que sacia la sed de los hombres.

    Hablaremos de esa poesía clásica y moderna a la vez cuando se publique “De la mano”.
    Enhorabuena, amigo; enhorabuena, poeta.

Tomás Hernández

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