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Cultura

Lolita arrasa con Fedra en Mérida y lo hará también en Almuñécar el próximo 8 de septiembre

07 de agosto del 2018 | Imprimir



La celebración del Festival de Teatro Grecolatino de Almuñécar trae a Lolita Flores como la Fedra de Eurípides el próximo 8 de septiembre tras el éxito cosechado hace unos días en el Festival de Mérida donde ha sido estrenada la obra dirigida por Luis Luque y el dramaturgo Paco Bezerra y que llenó las 3.000 localidades de un teatro abarrotado y expectante por meterse en la tragedia.

Toda la crítica ha sido unánime ante la interpretación descarnada de sexualidad arrolladora y el coliseo romano ha ovacionado a la actriz que ha apostado por mostrar a Fedra como una mujer sin remordimientos y liberada, que reivindica su derecho a amar a su hijastro. Sobre el escenario, Lolita "acomete sus poéticos parlamentos con una verdad que estremece, nada en ella suena impostado. Quizás sea porque como ella explica es una actriz visceral y no técnica: Yo es que no tengo técnica. A mí me tienen que decir hazlo más fuerte o menos fuerte, más puta o menos. No sé qué método usan los actores para llorar, pero sé cómo hacerlo. Me meto la mano dentro y lloro porque desgraciadamente tengo muchas cosas para llorar".

“Lo que no se dice, se pudre”, clamaba Fedra quitándose las espinas de la boca. La reina de la isla llevaba largo tiempo descomponiéndose en silencio: ya era sólo una cáscara, sólo un esqueleto. Ya ni esperaba con angustia el regreso del rey Teseo de sus aventuras y escarceos; ya sólo sufría por sus propios deseos prohibidos. Qué le pasa a la soberana, que ya es sólo una muerta respirante, una hembra con los cabellos rizados tapándole la cara, un animal incapaz de sacar los ojos al mundo.

La escenografía de esta Fedra se limita a una vagina gigante que ejercía de puerta, de cueva o de volcán. El sexo de la mujer era el único centro, el único motor de los acontecimientos.

"Lo que le pasaba a Fedra, ya lo sabrán ustedes, es que se había enamorado de su hijastro Hipólito- ahí Críspulo Cabezas-. Se había enamorado de él como una auténtica bestia desde que llegó a la isla, desde que le miró a la cara, desde que pronunció su nombre, y a partir de ese momento avanzaba dando tumbos por puro instinto de supervivencia; quemaba etapas como quien corre entusiasmado hacia el precipicio. Al principio se alejó del joven y lo despreciaba: fue la fase del odio como muro protector. Después, cuando descubrió que eso era infértil y que le seguía deseando, cayó redonda en la enfermedad, en el silencio venenoso que casi la derriba de pena. La tristeza, dice el texto, es un gusano que tarda un tiempo en llegar al corazón de la manzana".
"Lolita va interpretando con vehemencia los relieves de esta locura, y se vuelve obsesiva, y tierna, y esperanzada, y sensual, y rota, y recompuesta, y vengativa".

Según algunos críticos, "a ratos uno la mira y ve a su propia madre, a Lola Flores, recitando con furor lorquiano como quien escupe pájaros negros. Se lleva las manos a la frente, suda, llora, grita, se recoge el vestido y muestra los músculos calientes de las piernas. Es una mujer, Fedra, no sólo una madre; y le ofende que Hipólito la llame como tal, porque en la sociedad patriarcal la madre ha matado a la mujer sensual, la ha anulado, la ha desenfocado como ser sintiente. La mujer, cuando es madre, ya sólo es vista como madre: se desoyen sus filias y sus pálpitos. Su vagina es sólo reproductora y no deseante, y Fedra se rebela contra esa mirada que la limita".

El resto el 8 de septiembre a los pies del Acueducto de Almuñécar

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