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Alberto Ramírez en la Galería Javier Román de Málaga

20 de noviembre del 2012

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Pintura

El pintor Alberto Ramírez presenta desde el 23 de noviembre al 8 de diciembre en la galería Javier Román de Málaga su colección de desnudos másculinos.

Ramírez, que pasa largas temporadas en Almuñécar, presenta su serie Naked Men, y de cuyo catálogo ofrecemos el texto realizado para la ocasión por el crítico de arte Rafael Soldevilla

NAKED MEN
El pintor Alberto Ramirez presenta una exposición de temática controvertida en la Galería Javier Román de Málaga. A través de treinta y dos óleos y una carpeta de dibujos, muestra por primera vez toda la parte de su obra que gira sobre el cuerpo masculino; dividida en dos secciones: cabezas y desnudos. La elección de los temas presentados ha sido concebida a conciencia, con absoluta premeditación. No es producto de la espontaneidad, pues se ha fraguado a lo largo de los tres últimos años. A pesar de que desde la Grecia  Clásica y más tarde en el Renacimiento, el culmen de la belleza estaba simbolizado por el desnudo masculino, de Fídias a Miguel Angel, y la teoría estética, desde el Siglo de las Luces, a través del filósofo Emmanuel Kant, reivindica que la belleza es aquello que puede conducir a la mente humana a un estado de trascendencia. Trascendencia que al no coincidir con la religión cristiana, consideraron anatema el desnudo humano. Obedeciendo las consignas de la Contrarreforma de Trento, “la pintura tenía que ser efectista y disuatoria con el único fin de acercar a los fieles a Dios”, obviamente el desnudo ya no tenía cabida en occidente. Por encargo del Sumo Pontífice, el pintor Volterra de triste memoria, tapó con velos las “entrepiernas” de las figuras masculinas pintadas por Miguel Angel en la Capilla Sixtina.  Pero ese miedo al desnudo, producto de un rancio puritanismo, llega hasta la actualidad. Hace escasamente dos meses, una muestra de fotografía del mismo tema, presentada en uno de los templos del Expresionismo centroeuropeo, el Museo Leopold de Viena. Obligaron a tapar los atributos de tres conocidos futbolistas, al mas puro estilo Volterra, en los carteles que anunciaban la exposición.

Las cabezas que nos muestra el artista vasco, son delicadas e íntimas. Primeros planos de trazo riguroso, que parten de sus propios apuntes y de sesiones en directo. Obras accesibles y muy personales, cuyo denominador común, es que todos los rostros parecen atrapados en un estado de juventud perpétua, donde, hasta las expresiones de clara sugerencia erótica que se aprecia, tienen ese halo maliciosamente bello pero limpio de lo natural.

Sus desnudos interraciales no son tan abiertamente provocadores como los del fotógrafo Robert Mapplethorpe, pero su obra posee la misma intensidad emocional. A diferencia del norteamericano, captan el lado humano de los sujetos, descubren sus emociones, los hace resultar sinceros, cercanos hasta el punto de que uno tiene la impresión de poder haberlos conocido. En algunos de ellos, de clara sexualidad latente, aunque no tan explícita, podían recordad vagamente al dibujante Tom of Finland.  No podemos dejar de mencionar las escenas de piscina, rebosantes de luz y de tonos intensos, que nos traen a la memoria a las californianas de David Hockney.

 Los cuerpos desnudos presentados, envuelven y se mezclan con lo intangible, con nuestros propios pensamientos. Quizás, como una alegoría al recuerdo de momentos vividos.         

                                                                                                      Rafa Soldevilla