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El Magazine

Almuñécar íntima

06 de marzo del 2014

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Estilo/J Celorrio

Una manera distinta de ver lo nuestro y de recuperar facetas que muchas veces permanecen ocultas a todos o que de verlas con los ojos de la cotidianidad se nos oculta su intimidad y genuina personalidad, aparte de singularizar su belleza

Fachada nocturna del restaurante La Parra

En la foto forjado de una escalera en el Restaurante La Ventura


El invierno nos ofrece un ciento de posibilidades de ocio en Almuñécar. Hay quien dice que se aburre, pero ¿realmente explora el entorno? Una gran ciudad sin curiosidad puede ser un catálogo de lugares comunes; pues lo mismo pasa en pequeñas poblaciones. Tras la puerta tenemos una gran diversidad que hay que conocer y paladearla. Y, por si fuera poco, contamos con un aliado de lujo: el tiempo.

Llamador de entrada al restaurante La Parra

La última recomendación de los sicólogos de comunicación (Goleman o Marina), se esté de acuerdo o no con ellos, es que en una sociedad marcada por el stress del paro o el trabajo multitareas es necesaria la ociosidad, la ensoñación o el mismo aburrimiento con sus respectivos silencios para muscular la atención. Observar los detalles, el cambio de color en los paisajes o la frecuencia de la luz sobre un árbol (revisar la película El sol del membrillo de Victor Erice sobre un cuadro de Antonio López) son terapias que conducen a encontrarnos y a reflejarnos en  nuestra atención. No confundamos la distracción con la ensoñación, la primera es la peor enemiga de atención, dice Goleman, mientras que la segunda está inmersa en la creatividad. 

El tiempo juega un papel importante en todo ellos y es esencial en nuestra cotidianidad. Y es imprescindible para eso que algunos llaman calidad de vida y que otros preferimos denominarlo y vivirlo como un lujo. En una ciudad se pierde un cincuenta por ciento del tiempo en trasladarnos de un lugar a otro entre polución, ruido y calles atestadas, en una ciudad pequeña se pierde en conocer, en mirar, en vivir y respirar, mientras deambulamos, desde la leña quemada de alguna chimenea que impregna el aire del crepúsculos hasta el salitre que nos invade de mar el olfato.
Pero también hay otras posibilidades de evasión que incluye la gastronomía y la copa de antes o después.

Les propongo, en este street life para nativos y forasteros que abrimos hoy, que descubramos el alma vintage de alguno de nuestros lugares, a los que me atrevo de calificar como genuinos, pues difícil es que en otro lugar encontremos su espacio espíritu; los habrá parecidos, pero no con las características propias que les hacen muy sexitanos. 

Colección de fotos antiguas en El Convento



¿Por qué los califico de vintage? En primer lugar, es una tendencia que marca mucho la actualidad estética con su atractivo de recobrar otra época. Pero no confundamos con la imitación retro: un vintage tiene que venir consolidado con la originalidad de entonces. Autenticidad, solera y estilo. Sírvanos como ejemplo en la ropa un Chanel; en la decoración una artesa auténtica de aquellas donde se amasaba el pan; en la bebida un Dry Martini del Knickerbocker Club de Nueva York que dicen fue donde se inventó la mezcla de ginebra con unas gotas de Martini y el cruce de una aceituna en la copa. Y, ya puestos, nos quedamos en la gastronomía con el pulpo adobado genuinamente almuñequero. Todo lo que quiera imitar eso es retro y no interesa hoy en nuestro paseo. Así, que no comeremos hoy escamas de pulpo con algas ahumadas perfumadas con hierbas provenzales, ni beberemos esa coctelería Premium con el interior de lo copa convertido en frutería: bebamos, comamos y holguemos, si te dejan, en sabanas de hilo planchadas al  carbón.

Detalle del patio interior del restaurante La Ventura


Y como leía hace poco en un blogeroviajero :“Me gusta la cal blanca y las calles empedradas, los azulejos en los portales, las ventanas de caprichosa forja y los patios rebosantes de plantas. Hay una estética decorativa en las texturas desconchadas de las paredes, las viejas maderas de mesas y alacenas, el barro áspero de las tinajas y el cristal de las garrafas y damajuanas”.

Patio interior de La Parra


Son precisamente esos momentos de arte anónimo, de cocinas sin autor, de móviles cerrados  donde afloran los mecanismos de la inteligencia creadora y fértil.

Tapa de pulpo al estilo tradicional de Almuñécar en La Parra


Espectáculo flamenco en La Ventura


Zona de tapas en La Parra