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Costa Digital

¿Votar? No, muchas gracias. Mi poder es mío

25 de septiembre del 2019

Autor: Isaac Cabrera Bofill



Cada cierto tiempo el pueblo es llamado a las urnas con el propósito de elegir gobierno y afianzar aún más los cimientos de esta falsa democracia en beneficio, por supuesto, de la élite. Digo falsa democracia porque es imposible negar la evidencia. Si han leído la novela de George Orwell, 1984, recordarán que el gobierno totalitario estableció y desarrolló la neolengua, una forma de manipular el lenguaje en beneficio de la ideología de turno y controlar así el pensamiento de la población, además de la historia. Saliendo de la novela, es lo que está ocurriendo a día de hoy en nuestra realidad porque ningún ser vivo en la Tierra vive en democracia. Nadie. Los más afortunados entre los esclavos de hoy vivimos bajo un régimen representativo, que ni de lejos es igual a la democracia.

Por supuesto, la élite nos ha hecho creer que la democracia consiste en soltar una papeleta en una urna cada cierto tiempo, y que cualquier otro tipo de participación en la toma de decisiones con el fin de defender nuestra libertad como individuos está fuera de toda norma establecida, claro está, también por la élite. Eso sí, todo maquillado con multitud de instituciones, derechos y recursos que acaban aplastados por la bota del árbitro. Pues bien, mientras no se tenga claro esto, estamos perdidos.
 
Votar no es otra cosa que dar el poder de forma gratuita y sin condiciones a la clase dirigente. Te dirán que es la mejor forma para canalizar las peticiones y deseos del pueblo. Mentira. Te dirán que estás eligiendo a tus representantes. Mentira. Te dirán que el partido político de turno te representa. Mentira. Te dirán que si no votas desprecias las vidas de aquellos que lucharon por conseguir el derecho a votar, en un intento por hacerte sentir culpable. Mentira. Te dirán que las elecciones son la fiesta de la democracia. Mentiras y más mentiras. Lo único que haces cuando votas es ceder tu libertad a unos señores que luego gestionarán dicha libertad según crean ellos conveniente. ¿Realmente quieres que alguien gestione tu propia libertad? Yo creo que no.

Por supuesto, abogo por la abstención por mucho que los interesados y engañados insistan en el hecho de que hay que ejercer el derecho a voto, pues de lo contrario uno no tiene derecho a quejarse. Otra mentira. Sí, acepto que el voto sea un derecho, pero el no ir a votar también lo es. Es más, quien realiza una abstención crítica tiene mayor fuerza y libertad a la hora de quejarse, pues deja clara su oposición al sistema. Sin embargo, de qué se queja el votante si sigue participando en un sistema viciado que siempre da el mismo resultado, es decir, la cesión de poder por parte del pueblo al opresor. Y esa insistencia por parte del poder para que el pueblo acuda a las urnas no es otra cosa que fortalecer y legitimar dicha opresión. Además, no hay cosa que el Estado tema más que desconocer lo que piensan sus súbditos, siendo la alta abstención la mayor de sus pesadillas. ¿Cómo gobernar a un pueblo si desconocemos su pensamiento? ¿Cómo seguir legitimando el sistema si un alto porcentaje se queda en casa? Por eso tanta insistencia. De hecho, en algunos países el voto es obligatorio y el día que también sea en España, entonces sabremos a qué nos estamos enfrentando.

Abstenerse es dejar de pertenecer a las masas, oponerse a las listas cerradas y a los partidos políticos como supuestos canalizadores de los intereses del pueblo, no dejar el poder en manos de la élite política, religiosa y económica, rechazar una ley electoral tramposa, no dejarse manipular por la polarización y la opinión pública teledirigida, etc. En definitiva, no votar es una posición política muy clara. No votar es gritar bien alto, ¡Mi poder es mío!

Isaac Cabrera Bofill
Politólogo por la Universidad de Granada.

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