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El origen del poema / Tomás Hernández

19 de mayo del 2017

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El origen del poema / Tomás Hernández<br />

La poesía fue canto; un canto, música y palabras, que recordaba las hazañas del héroe, el tiempo de las cosechas y los frutos, la dicha del amor y su abandono.

    A las nueve de la tarde yo estaba en el Auditorio de la Casa de la Cultura escuchando a Pepa Merlo, Moncho Otero, Rafa Mora y Juan Antonio Loro en su homenaje y reivindicación de Gloria Fuertes. Ahora, unas horas después, tomo el último café del día, enciendo el penúltimo cigarrillo y escucho la segunda parte del Concierto en Colonia de Keith Jarret. Música y poesía, el canto primitivo, me han hecho abandonar la rutinaria costumbre de acostarme cuando la luz se echa sobre el mar detrás de la ventana, y estar aquí escribiendo, casi de madrugada. Escribo ahora, contra costumbre, porque las emociones, como el amor y la salud, son estados pasajeros y cuando nos acompañan tenemos el deber de compartirlos.

    Sentado en aquella butaca de la Casa de la Cultura junto a mis amigos Reinaldo, Álvaro, pensaba que así debió de ser el canto primitivo, el origen de lo que ahora llamamos poema, música y palabras. No hablo de la música como acompañamiento del poema, ese subproducto comercial y artificioso que mata la palabra y malbarata la música. Lo de esta noche, en la voz de Pepa, Rafa, Juan Antonio y Moncho, fue un sacar las tripas de la poesía más honda de Gloria Fuertes, esa poeta,  “no me llamaen poetisa”, decía ella, que sonreía siempre, hablaba con bondad y vivía en una casa tan pobre que las ventanas eran un dibujo de ventanas en las paredes sin aire y sin sol del pasillo de su casa.

    No musicaban los poemas de Gloria Fuertes, no le ponen música a unas palabras de otro tiempo, otra guerra, otras infamias, estaba en sus guitarras, en el piano por el que ahora escucho a Ketih Jarret, la música interior de Gloria Fuertes, su rabia y la grandeza de su sonrisa permanente de mujer buena.

    Ese el es origen del poema, la música interior hecha palabra, los demás, palabrería o malabarismo musicales.

    Gracias Juan Antonio, que me hiciste recordar el piano de Jarret en Colonia, Moncho, Rafa, Pepa y Olga que, una vez más, lo hizo posible.

Tomás Hernández.