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Costa Digital

Cotidianos bochornos / Tomás Hernández

17 de julio del 2017

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Cotidianos bochornos / Tomás Hernández<br />


    Vuelvo de dar un paseo con mi perrillo y tomarme un café frente al mar y esta imprevista niebla que lo vuelve todo más liviano y más frágil, y cometo el error de asomarme al escaparate de
la realidad por la ventana del ordenador. Ya antes había oído la noticia de las pateras de la pobreza y la desesperación que habían llegado al puerto de Motril esta madrugada, como ocurrió ayer y sucederá mañana. Llegar es una forma de decirlo, en realidad son rescatadas por esas personas de las que el ministro Zoido dice que provocan un efecto de llamada y favorecen a las mafias. No merecen  ni siquiera un comentario estas palabras, son indignas e infames.

    Veo, en el plasma, a un airado Rajoy hablando de Venezuela mientras señala con dedo acusador a Pablo Iglesias y se proclama martillo de corruptos y pilar de regeneración política; “Mariano, sé fuerte”. En sus intervenciones el presidente tira de ironía y oratoria en las respuestas. Así lo intentó hacer con la portavoz de Podemos, Irene Montero en la moción de censura aunque la retahíla de casos de corrupción que la parlamentaria fue desgranando, borró la ironía de los labios de Rajoy y evidenció su oratoria; pero cuando don Mariano cambió el tono guasón de sus respuestas fue al sentir el dardo que Pablo Iglesias le lanzó: “Usted, señor Rajoy, pasará a la historia como el presidente de la corrupción”. Aquí, como decía el poeta, “estalló el remanso, aquí la pasarela se fue a pique” y el presidente se enfureció.

    Bochornosa, e hilarante, está siendo, la veo ahora, la comparecencia del ex-tesorero del PP, un ya anciano Naseiro, que no recuerda si hace unos años tuvo unos ahorrillos evadidos en Suiza. En diez minutos el ex-tesorero Naseiro ha aludido, sin pretenderlo, a tres o cuatro delitos fiscales. Bochorno, y  rabia, provocan las palabras del gobernador del Banco de España, cuando lo oyes decir que el Banco gestionó mal la crisis económica y que la prioridad dada al déficit encareció el rescate de la banca; esos errores son los que continuamos pagando con sueldos de supervivencia,  precariedad laboral y una deuda interminable. ¿Quién cree ya en las palabras encendidas del pasado y del presente, sin sentir bochorno? Por eso, por el sopor informativo y atmosférico, apago el ordenador y voy a lo que tenía pensado hacer esta mañana, continuar la lectura del estupendo libro de Gay Talese sobre la mafia americana, a ver si aprende uno algo del pasado para entender el presente.


Tomás Hernández.