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Carta abierta a catalanes y catalanas de buena voluntad / Marian Fernández Amador

29 de septiembre del 2017

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El día 14 de Setiembre de 2017 hizo exactamente 30 años que empecé una vida nueva en Cataluña, concretamente en la ciudad de  Mataró.

Lo hice por elección personal, sin la presión de la necesidad de emigrar para buscar una vida mejor. Tampoco me fui buscando un ascenso laboral, ni por necesidad de medrar, me fui para ingresar -voluntariamente -en el CARMELO DE MATARÓ, decidida a tomarme en serio el Evangelio  de Jesús cuando dice: " Ve, vende todo lo que tienes , dáselo a los pobres y sígueme".

Durante los casi seis años que viví allí, en Mataró, totalmente sumergida en la vida de esa ciudad y su cultura, me identifiqué totalmente con el sentir de su gente, de su sentido común, de su búsqueda de su sitio particular en el mundo.

Aprendí catalán, en un espacio donde el castellano tenía  aún su lugar sin complejos. También lo hice por opción personal, porque considero que toda lengua contiene una riqueza propia y significante, y todo lo que ayude a entender mejor la forma de expresarse de un pueblo  - reflejo de su manera de situarse ante la realidad- enriquece y ayuda a la compresión mutua.

Durante mi estancia de esos casi seis años allí, trabajé - sin recibir remuneración alguna, claro está -para LA CAIXA LAIETANA,  ensobrando a mano sus comunicados a clientes. Así mismo, trabajé durante tres años en la lavandería, lavando a diario toda la ropa sucia que nos llegaba de una comunidad de religiosos de vida activa de la zona.

Mientras se celebraban LOS JUEGOS OLÍMPICOS DEL AÑO 1992, también colaboré -como responsable de la lavandería de la comunidad - , en la limpieza de la ropa sucia de muchos de los voluntarios asistentes.

Todos estos trabajos revertían en beneficio de la sociedad catalana, sin que yo recibiese ninguna prestación a cambio. En ese sentido, fui alguien que aportó, en vez de alguien que se benefició -o se aprovechó - del activo de los catalanes.

Antes de ingresar en el monasterio, ya había vivido –asimismo-dos años en Barcelona. Tampoco en este caso fue por razones de necesidad, sino por elección del centro de formación de directivos del IESE, para realizar un Máster en Dirección de Empresas (MBA), que en aquel entonces representaba una significativa fuente de  ingresos en Barcelona. Su precio era muy alto, y a eso había que añadirle el coste de residencia en Barcelona, durante dos años.
 
Lo pude pagar, gracias a que mis padres tenían una buena posición económica, ganada a pulso, con mucho trabajo, ya que ambos eran empresarios, y habían creado una empresa de referencia en la época, desde la nada. Se trataba de Flan Dhul.

En definitiva,  que cuando hago el balance de mi relación como andaluza con Cataluña - en su aspecto más pragmático y crematístico- tengo la conciencia tranquila que he dado más que he recibido.

Desde esa libertad, me permito dirigirle unas palabras a todos aquellos catalanes, hijos o hijas de andaluces, murcianos, extremeños, leoneses, oscenses, aragoneses....cuyos progenitores sí lo tuvieron que hacer por necesidad.
¿Hasta qué punto habéis dejado que os acomplejen,  los que se autodenominan  “buenos catalanes” por desear el independentismo,  que habéis acabado renegando de vuestros orígenes, al  apoyar - por acción u omisión -un proceso de secesión unilateral?

¿No veis que ellos han sido los que se han beneficiado de la emigración de vuestros antecesores, para hacer prosperar esa tierra,  llevándose además la mejor parte -muchos de ellos- en forma de comisiones y prebendas?
¿ De verdad, habéis acabado creyéndoos el  relato  que viene a decir que sin contar con el resto del territorio español –donde están vuestras raíces-  os va a ir mejor, llegando incluso hasta el punto de querer  haceros olvidar - concienzudamente- de dónde venís? 

¿Os habéis planteado que pasará -si finalmente consiguen el objetivo de desconectarse de España- una vez que esté asentada una hipotética República Catalana, con todos aquellos cuyos orígenes no sean puros?    “Lo que mal empieza, mal acaba” dice el refrán.
 
Desde la perspectiva que me da la libertad de saber que nunca le he robado nada a Cataluña, que más bien le  he aportado mi trabajo, mis conocimientos ( soy Licenciada en Medicina y Cirugía) y una parte importante de mi vida, considero que los catalanes de bien- y muy especialmente los catalanes adoptivos- os habéis enfermado con un discurso en el que se vende que " contra el otro" viviremos mejor, como una forma de parálisis catatónica, similar a la que padecían los amigos de Momo ( libro de Michael Ende) en el contacto con los hombres grises.

Veo a los políticos catalanes independentistas actuales, como esos “hombres grises” que para sobrevivir necesitan fumar cigarrillos, robándole el tiempo (en definitiva, la vida)  a todos los ciudadanos de buena voluntad, en aras de una promesa engañosa, haciéndoles creer que estaban “ahorrando tiempo” para su futuro.

Los catalanistas independentistas han vendido una promesa similar.  “¡Apoyadnos  ahora!- os dicen -¡que eso te repercutirá en un futuro mejor!”, sin dejaros saber que ese futuro mejor sólo existe para ellos, porque el resto de la sociedad catalana, bien sean  autóctonos o bien sean oriundos de otros lares, ha delegado su tiempo (es decir, su vida), en ellos, acostumbrados a despilfarrar cualquier tiempo (vida) que se les otorgue, sin ningún tipo de contemplación.

Despertad, por favor, de vuestro sueño, despertad de vuestro letargo. Estáis siendo utilizados, y ni vuestro presente es mejor " en contra de España", ni vuestro futuro será tan halagüeño como os lo pintan, fuera de ella.
Recuperad vuestro sentido común, vuestro criterio, aquellos que realmente sois autóctonos.

Reconciliaros, por favor, con vuestras raíces, aquellos que provenís de otras provincias, comunidades autónomas  o países.

Recuperad vuestra cordura, en un caso, y vuestra dignidad, en otro. Dejad de ser títeres, o momias petrificadas, ante aquello a lo que os están abocando.

Como dice nuestro admirado Rafael Nadal, juntos sumamos más.  Yo, por mi parte aporté allí mi grano de arena, así como regresé a Andalucía  enriquecida con nuevas formas de abordar todas las cuestiones de la vida.

Soy andaluza de nacimiento, y catalana de adopción,  durante un tiempo importante de mi vida. ¿No tengo yo también derecho a opinar, sobre la tierra donde viví algunos de los años más importantes de mi existencia, y donde establecí  vínculos y amistades potentes, cuyos lazos perduran?

¡Despertad! 

                                                                                 Marian Fernández Amador