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Educación, asignatura pendiente / Juan Bolívar

14 de noviembre del 2017

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Educación, asignatura pendiente / Juan Bolívar<br />


La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicada este mes, señala que el paro sigue siendo el principal quebradero de cabeza para un 66,2 %  de los españoles, le sigue la independencia de Catalunya, es significativo que la preocupación de los ciudadanos por la cuestión catalana ya sea el segundo problema más citado con un 29%, después la corrupción con el 28,3%, en cuarto lugar los partidos políticos con el 27,5%,  los problemas de índole económica el 21,9% , la sanidad el 8,3%, los problemas de índole social el 7,8% , los problemas relacionados con la calidad del empleo el 5,9%, la inestabilidad política el 5,7% y ¡en décimo lugar! y para un 5,3% de los españoles la educación es el principal problema y además empatando en ese puesto con el problema del Gobierno y partidos políticos.

Les hago referencia a este informe para que observen qué prioridad le damos a una auténtica cuestión troncal como es la educación, en la que una sociedad se juega su futuro. Llevamos demasiado tiempo en que los árboles del narcisismo catalanista, la corrupción galopante, la incompetencia de nuestra clase política, etc  nos han impedido ver el bosque de lo medular, de lo substancial y determinante que, a mi modo de ver es el aspecto educativo y que, sin embargo, está siempre en estado de revisión permanente, sin llegar a acometerse la necesaria reforma transversal que mejore o palie al menos esa sensación de fracaso colectivo educativo en el que estamos instalados. El llamado Pacto de Estado por la Educación duerme el sueño de los justos y mientras generaciones de jóvenes estudiantes pasan por las aulas esperando una formación mejor sin que llegue,  sino continuando esa impresión de frustración ante la falta de iniciativa.

Porque ustedes estarán conmigo en que la manida frase  “es un problema de educación” se usa tanto para  referirse a la violencia machista, a  la corrupción, al paro, al cuidado del medio ambiente, a la administración pública; al bullying, a la crisis de valores, a las ansias de independencia de algunos ciudadanos de Cataluña, incluso hay quienes piensan/pensamos que España es en sí misma un gigantesco problema de educación, es decir, que casi todas las cuestiones que refleja el informe del CIS, al que hacíamos referencia, se podrían entender como un asunto de educación. Así pues, si todo es un problema de educación, parece que nada lo es, a tenor de la transcendencia que le damos y en ese sentido ¿somos conscientes de lo que nos jugamos sin hacer una apuesta clara por mejorar nuestra situación educativa como sí lo han hecho otros países, léase Finlandia, con los excelentes resultados obtenidos? De hecho hace unas semanas, Luis Garicano, responsable del área de Economía de Ciudadanos, publicaba un tuit rápidamente viralizado en el que aseguraba que “el paro, la baja productividad, el separatismo catalán… todo está ligado al gran fracaso de nuestra democracia: el mal sistema educativo.

Por ello, como he hecho en otros artículos anteriores, no debemos cejar en el empeño de aspirar a una educación de calidad y para ello hacer un llamamiento a todos los agentes implicados en el ámbito educativo como son los responsables políticos que ya observamos el empeño que muestran.

Los padres, quienes deben concienciarse de su responsabilidad y, de hecho, muchos están sensibilizados con el papel preponderante en la educación de sus hijos, la cual se realiza principalmente en casa, no olvidemos que un niño pasa un 13% del tiempo en el colegio, el resto lo pasa en la familia.

Los profesores, a quienes hay que animar a que sigan apostando por la apasionante labor de ayudar en la formación de sus alumnos, a que disfruten de su vocación, a que innoven, creen expectativas, ilusión, sepan proporcionar a sus alumnos una brújula con la que guiarse, en fin que tengan ganas y le dediquen tiempo a su profesión,  pero aquellos otros que no son vocacionales deben estar fuera de la actividad docente, no podemos escuchar frases del tipo “como la administración no me paga y yo no os doy ni un minuto más de mi tiempo”,  o aquellos que vejan a sus alumnos sin reparar en las nefastas consecuencias que tiene su proceder, no es generalizado pero los hay y debemos erradicarlos.

Los estudiantes, quienes deben asumir su papel fundamental en esta liturgia educativa-formativa, ellos son los protagonistas y los que más tienen que ganar, pero también que perder, deben desarrollar la cultura del esfuerzo, el valor de la formación, apostar por el crecimiento personal y valorar  la  riqueza intelectual que el colegio les ofrece.

En fin, espero que estas reflexiones, en este primer trimestre del curso escolar, nos sirvan para tomar conciencia del gran valor de la educación y todos y cada uno, en nuestro ámbito de acción, hagamos lo que esté en nuestra mano para mejorarla.