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Paco Camarasa, librero / Tomás Hernández

06 de abril del 2018

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Paco Camarasa, librero / Tomás Hernández<br />

La librería de Paco Camarasa estaba en una de las bocacalles de la Avenida del Oeste, en Valencia. Era un local pequeño, así lo recuerdo al menos, a la espalda del emblemático instituto Luis Vives. Paco era menudo, nervioso,  de risa grande. Murió hace un par de días en Barcelona.

    Conocí su librería en Valencia porque algunos amigos míos eran lectores y coleccionistas de cómics y la librería de Paco Camarasa era la mejor y más surtida en revistas y publicaciones de este género. Luego, Paco estuvo en la dirección del Gremio de Libreros y en esos años me encomendó algunos contactos con escritores para presentarlos en la Feria del Libro de Valencia que, tras algunos años de irrelevancia, empezaba a levantar vuelo con los primeros años de la transición política, nuevos géneros literarios y el interés por la literatura en catalán.

    En la librería de Paco Camarasa, no recuerdo ya el nombre, además de su especialidad, el cómic, encontrabas también autores y obras entonces poco conocidos. Las novelas de  infancia y cine del argentino Manuel Puig, las denuncias contra la dictadura uruguaya de Mario Benedetti mucho antes de ser tan universal como poeta, o las novelas policíacas en valenciano de Ferrán Cremades, asiduo de la modesta librería de Paco.

    Años después Paco se fue a Barcelona y siguíó con lo suyo, su oficio y vocación de librero. Su nueva librería se llamó “Negra y criminal”, se hizo famosa en Barcelona y en España y desde ella Paco organizó los encuentros de novela negra. Su nuevo local tenía el mismo inconveniente que el de Valencia, estaba a trasmano de todo, la visitaban los amigos pero pocos clientes. Paco tuvo que cerrar hace unos meses cuando ya estaba enfermo; antes había recibido todos los reconocimientos oficiales que un librero puede recibir. Probablemente no se haría rico, pero trabajó en ese casi olvidado oficio de librero y su nombre irá siempre unido a un género literario entonces poco valorado y, sobre todo, vivirá en el recuerdo de quienes fuimos sus amigos y disfrutamos de su tiempo y de sus risa grande.

Tomás Hernández.