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Abril es el mes más cruel / Tomás Hernández

10 de abril del 2018

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Abril es el mes más cruel / Tomás Hernández<br />



        Así empieza Thomas Stearns Elliot, en octubre de 1922, su “Tierra baldía”. “Abril es el mes más cruel / pues cría lilas bajo la tierra muerta”. No imagino a Rajoy leyendo libro tan antiguo. Él es un hombre pragmático y con los pies en la tierra, así le gusta definirse, y no como esos  “inexpertos lenguaraces”. Dicen que Aznar, de la mano de Luis Alberto de Cuenca, sí mostró interés por algunos poetas contemporáneos. Guste Rajoy o no de la poesía, abril ha empezado con mal pie para el presidente. Las calles siguen llenas de jubilados contra el sarcasmo del 0`25. Un juez alemán le dice al juez español que el ínclito Puigdemont puede pasearse libre de las cadenas del rebelde, bajo el cielo alemán y, por si faltara poco, la ministra de justicia apostilla que Alemania es un país libre para hombres libres. Lo que más sorprende de la huida de Puigdemont es que el fugado está creando más revuelo en Europa que todo nuestro cuerpo diplomático.

    Se une a este desaire el “affaire” Cifuentes. No pensaba añadir nada a todo lo ya escrito y sabido, pero el aplauso de ayer en Sevilla con todo el PP en pie, es preocupante. Me centraré, pues, en ese minuto y nueve segundos que duró la aclamación y la actitud que manifiesta.

    Decía Borges que a los amigos había que quererlos en su grandeza y también en sus debilidades, en sus momentos de gloria y de miserias. Comprendo que Cristina Cifuentes tenga amigos en su partido y que estén en su derecho de manifestar su apoyo y su afecto hacia ella, en privado o en forma tan clamorosa y sostenida. Eso puede ser una muestra generosa de amistad y merece respeto. Pero ese aplauso también justificaba la falsificación de unas actas y unas firmas, asunto confirmado y no especulación informativa. Ese aplauso daña el prestigio de una universidad, es una burla para los alumnos, una ofensa a los profesores y una aclamación de la injusticia. La actitud de la autora del máster que nunca existió, parece seguir estrictamente la máxima de Goebels, que era un nazi pero no un idiota, de que una mentira repetida muchas veces se acaba convirtiendo en una verdad. Por fortuna, los tiempos de Goebels ya no mueven molinos.

    El entusiasta aplauso no apoya una amistad, justifica lo peor de la política: la corrupción, la altanería, el menosprecio.

    Rajoy viaja a Argentina, allí aún no es primavera pero abril es también el mes más cruel.

Tomás Hernández.