Todas nuestras recomendaciones para el fin de semana en nuestra sección Destino Almuñécar-La Herradura

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¿Se escribe agua y hielo o agua e hielo?, y, si decimos «el agua», ¿es correcto decir «mucho agua»? Las croquetas, ¿las he freído o las he frito?, y los documentos, ¿están impresos o están imprimidos?

De un tiempo para acá, los líderes políticos utilizan con frecuencia expresiones como «los ciudadanos y las ciudadanas» y «los trabajadores y las trabajadoras», ¿es correcto referirse a ambos géneros o se trata de una manida estrategia política?

Confiese, estimado lector, que no sabe con certeza absoluta la respuesta a ninguna de estas preguntas. Aunque, si está convencido de que sí, puede realizar un test (y sí, este anglicismo está permitido por la RAE) basado en el libro «Las 100 dudas más frecuentes del español» (Espasa), un volumen en el que, además de responder a un centenar de incertidumbres del día a día, se abordan hasta 1.600 cuestiones del lenguaje.

En tiempos en que gracias a las redes sociales y los blogs todos somos escritores, resulta pertinente aprender a manejar el idioma lo mejor posible. «Las 100 dudas más frecuentes del español» comienza por despejar la más básica de las preguntas: ¿Cuál es el nombre de la lengua: castellano o español? Según el país hispanohablante, o la zona de España, se prefiere una u otro. En Sudamérica, excepto por Colombia y El Salvador, se utiliza castellano. Sin embargo, en México, Centroamérica y el Caribe es más común usar español. En los territorios bilingües de España, en cambio, se prefiere castellano. En todo caso, el libro afirma que «castellano y español son, pues, dos sinónimos en igualdad de condiciones. El ‘problema’ del nombre de la lengua es en realidad una falsa polémica, que debe considerarse ya superada y que, en cualquier caso, habría que dejar fuera de la controversia política o el enfrentamiento social».

«El idioma es un territorio vivo y sus verdaderos dueños son los hablantes, pues se trata de un patrimonio común», reconocía el director del Cervantes sobre la ortodoxia de la lengua a ambos lados del Atlántico: «Es tan legítimo el español que se habla en Guatemala como el de Valladolid o Andalucía», explicaba García Montero en referencia a que no debe preguntarse dónde se habla mejor español, sino quién habla mejor español, es decir, el buen uso del idioma es individual.

Debate en el que también ha querido entrar el autor del libro, Florentino Paredes, apuntando que «es imposible hablar de lenguas sin referirse a la sociedad que la usa». Así lo explican los casos de un título que en ocasiones «solo hace sugerencias de lo que es preferible utilizar, sin dictar sentencia», comentaba Paredes. Este es el caso del uso de expresiones como «los ciudadanos y las ciudadanas» que se indicaban al inicio, que no son incorrectas, pero se considera que en muchos casos entorpece el lenguaje.

A partir de allí, el tomo aborda cuestiones de pronunciación, ortografía, puntuación y abreviaturas, así como dudas sobre el género y el número (¿Se dice el salvamanteles y el cortacéspedes o el salvamantel y el cortacésped?), sobre la construcción de las frases, los verbos y el significado de las palabras.
Si se ha sorprendido ante las respuestas correctas a algunas de las preguntas del test, aquí las explicamos:
1 y 2. Se escribe agua y hielo. Normalmente se cambia la y por la e para evitar la cacofonía que se produce cuando la palabra que le sigue empieza con la letra i o con un sonido equivalente (i, hi, y, o ea, en el caso de palabras inglesas). La regla no aplica para los diptongos (como hielo o hierro) ni en el caso de que la y aparezca al comienzo de la frase. Con esta excepción respondemos además a la segunda pregunta: lo correcto es ¿Y Ignacio?, ¿qué tal anda?
3. Lo correcto es buhardilla, con hache intercalada, aunque también se pueden utilizar boardilla, bohardilla y guardilla.
4. La lengua que se esté utilizando al escribir o hablar sobre un lugar es la que determina si se escribe, por ejemplo, Lérida o Lleida.
5. Asimismo, así mismo y a sí mismo son todas correctas, pero significan cosas distintas. Las dos primeras equivalen a «también», aunque así mismo puede significar «de la misma forma» (Déjalo así mismo, como lo encontraste). A sí mismo, en cambio, es una secuencia formada por la preposición a más el pronombre reflexivo sí más el adjetivo mismo: «Se dedicó el libro a sí mismo». Cuando se escribe junto, asimismo no lleva tilde.
6. Cuando se refiere a la oración, se escribe avemaría. Solo se escribe en mayúsculas y separado (Ave María) cuando se refiere a la obra de Schubert.
7. Por qué se utiliza para introducir oraciones interrogativas y explicativas: ¿Por qué te fuiste? o No nos quiso decir por qué se fue. Porque se emplea para encabezar respuestas: Me fui porque tenía sueño.Porqué equivale a causa, motivo o razón y puede ser sustituido por esos sinónimos: Intentaba ocultar el porqué de su comportamiento.Por que tiene dos valores. La preposición por más el pronombre que, en cuyo caso podemos anteponer un artículo relativo: Ignoro el motivo por que lo despidieron/ignoro el motivo por (el) que lo despidieron. El segundo caso se refiere a la preposición por más la conjunción subordinante que: Me inclino por que pidamos ayuda.
8. Agua es un sustantivo femenino y no es aceptable usar las formas masculinas de determinantes como este, mucho, poco, todo, otro. Por eso diríamos: Sonó otra arpa a lo lejos o la gente de esta región tiene otra habla.
9. Tanto la médica como la concejala son correctas. Cuando un nombre de profesión admite las dos terminaciones para marcar el género, se debe usar el femenino en los casos correspondientes.
10. Tanto freído como frito son correctas, lo mismo que imprimido e impreso y proveído y provisto.

 

El Calabré atardeceres


El restaurante El Calabré a orillas de la playa de San Cristóbal, ya es un clásico por su cocina marinera desde hace más de sesenta años. Pero ahora se ha convertido en un «must» de la Costa Tropical también por los atardeceres que desde su terraza pueden contemplarse y sobre todo en estos días de otoño donde aparte aprovechar el último sol de la tarde la sobremesa se alarga con sus crepúsculos siempre cambiantes y distintos.

Desde azules a violetas, rosas nacarados y suaves que van culminando en rojos intensos que se pierden en grises hasta llegar al negro te enfrentan a la belleza sublime de la naturaleza y un buen gintonic en los sabores.

Como aperitivo degustar unos salmonetes o boquerones fritos para hacer boca a la noche estrellada. ¡This is The Calabré!

 

Las cubetas de salazones del Cerro del Santo. Una interpretación errónea de las fuentes arqueológicas
José Ángel Ruiz Morales

Almuñécar, ciudad milenaria, guarda en su subsuelo la impronta de las diversas culturas que han poblado sus tierras. Los hallazgos fortuitos se han producido en diversas épocas más o menos remotas. En el siglo XVII al adecentar la entrada de la nueva iglesia, que acababa de construirse, se descubrió una tumba fenicia cuyo rico ajuar nos describe el licenciado Juan Herrero de Almansa autor del manuscrito “Almuñécar ilustrada y su antigüedad defendida”.

Sabemos también que durante el siglo XIX aparecieron numerosos restos arqueológicos, sobre todo romanos, que la familia Márquez fue entregando a diferentes personas e instituciones museísticas de la provincia. Son numerosas las estatuas de Almuñécar que se muestran en el Museo Arqueológico de Granada, donadas por esta familia a finales del siglo XIX. Asimismo, de esta época fueron los descubrimientos de las piezas arqueológicas que acabaron en el Museo Arqueológico Nacional, una de ellas, un Baco coronado de hiedra, publicamos hace poco tiempo. Igualmente, en 1870 se descubrió un enterramiento en las inmediaciones de Almuñécar cuyos materiales, como ha pasado otras veces, en su gran mayoría salieron fuera de España. Quizás estuviese entre esos objetos el cincel de cobre arsenicado procedente de Almuñécar que posee el British Museum. No lo sabremos nunca con certeza, igual que tampoco sabremos nunca con certeza, de qué lugar exacto procedían las estatuas o la tumba encontrada en 1870.

La falta de excavaciones arqueológicas en Almuñécar, o incluso las realizadas sin metodología arqueológica en los años 40 del siglo pasado, ha contribuido a crear las leyendas que corren sobre esta ciudad. Una de estas leyendas es que en el cerro del Santo fueron descubiertas cubetas de salazones por parte de José María Fontana Tarrats, gobernador civil de Granada y al parecer aficionado a la arqueología. Pero en realidad lo que nos dice en su artículo del año 1946: “Los salazones y salsas de Almuñécar” es lo siguiente: “Pero este verano, buscando marcas en los fragmentos de sigillata que, con otros restos, rellenan la terraza a mediodía, sobre la que se levanta el Castillo- hoy cementerio municipal y ayer acrópolis-, observamos, en un corte producido por un reciente derrumbamiento, restos del fondo de una cubeta de las usadas para las salazones. Hecha la correspondiente excavación apareció un fragmento completo cortado por el lado caído. A poca distancia encontramos otra y a un centenar de metros apareció una tercera.”

Es en la ladera sur del castillo donde encuentran las piletas, pero no en el cerro del Santo. Allí lo que encuentra es: “En otro tiempo habíamos ya identificado una obra análoga en el cerro de San Cristóbal, llamado el Santo. Es una excavación rectangular en la parte superior del cerro, terraza de poniente, a unos quince metros sobre el nivel del mar y a treinta metros en línea recta de la orilla. La excavación va recubierta de piedras labradas y éstas, a su vez, de una capa de dos centímetros de “opus testaceum”, idéntico al empleado para los recipientes o artesas de salazones. Es obra evidentemente romana, aunque utilizada posteriormente como cisterna, según demuestra el arranque de una destruida bóveda de ladrillo. No creemos que sus constructores la utilizaran como cisterna, pues ningún rastro se ve de bóveda antigua, pero en cambio por su profundidad tampoco responde al clásico y pequeño recipiente de salazones. ¿Sería, quizá, un depósito portuario del producto elaborado? “

La principal fuente de información en arqueología es la excavación arqueológica, un proceso de indagación en la tierra a la manera de un libro único cuyas páginas se destruyen a medida que se van leyendo. Una vez que todo desaparece tan solo perdura la literatura científica, en la cual se recoge y documenta toda la información procedente del yacimiento. Es por ello que siempre hay que intentar acudir a las fuentes originarias, porque las malas deducciones, con el tiempo, se perpetúan y terminan por considerarse como verdadero lo que, al fin y al cabo, no es sino una mala interpretación.