La revista de Almuñécar y la Costa Tropical

El lápiz de plata de madame Chauchat / Tomas Hernández 

 

 

Carpeta J. Celorrio

Hace unos días, cuando disfrutaba con la lectura de ‘El lápiz de plata de Madame Chauchat’, oí al novelista Juan José Millás lamentarse de no haber escrito nunca un cuaderno paralelo a la novela, donde se contaran las vicisitudes del proceso de escritura. ¿Se imaginan un cuaderno paralelo al Ulises de Joyce, mientras escribía sobre una maleta, como única mesa de trabajo, apoyada en los brazos de un sillón?

Me llamó la atención la coincidencia del lamento de Millás y la lectura de la novela de mi querida Ángeles García-Fresneda. Porque ‘El lápiz de plata de Madame Chauchat’ tiene algo de ese cuaderno. No es exactamente un diario de escritura, pero sí un homenaje a los libros, músicas, viajes, vivencias de que está hecho este libro.

Cuando leí el primer borrador, pensé en los magníficos artefactos narrativos de G.W. Sebald, que no son novela ni libro de viajes ni dietario de escritura ni reflexiones del narrador; son sólo lectura, lectura apasionante en la que el autor incluye, sin complejo ni finalidad narrativa alguna, el billete de tren hasta Verona o la factura del almuerzo solitario en algún restaurante de la ciudad con vistas al teatro romano, porque son lo tangible de un momento de dicha.

En ‘El lápiz de plata de Madame Chauchat’, en la última parte, ‘Coda. Para escribir una novela’, está la génesis de la historia que se cuenta en las dos primeras; la búsqueda del tono que todo relato exige, la voz, esa y no otra, con la que debe contarse; la identificación de lugares reales que pudieran sugerir el escenario de ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann, uno de cuyos personajes es Madame Chauchat, que da título a la novela: “Con la redacción de ‘El lápiz de plata de Madame Chauchat’ me he rodeado, siempre que ha sido posible, de nieve, de su olor y su tacto; me he hospedado en un hotel de Sierra Nevada a menudo, siempre a finales de otoño o en invierno, para practicar la terapia de los enfermos del sanatorio de Davos, de ‘La montaña mágica’: abría el balcón para exponerme al frío envuelta en mantas hasta la barbilla; pero sobre todo miraba iluminarse el tiempo al amanecer y apagarse, cuando llega la noche, sobre la nieve”.

O más adelante: “Diciembre de 2017. Llevo escritas unas cincuenta páginas de la novela de ciencia ficción”. Y en la misma página: “Leo y miro vídeos y asisto a algunas conferencias sobre biotectnología y alimentación del futuro”. O en los viajes: “En Madrid, cuando se marchan unos amigos de Barcelona, voy al Planetario y me dejo envolver por todas las proyecciones sobre su inmensa cúpula”. También las referencias a películas de ciencia ficción: “El cine me ha aportado poco o nada para escribir esta novela”. Y está la vida y la muerte: “Tras casi siete años sin lluvia, a principios de un otoño seco y caluroso como no recordábamos, falleció mi hermano. Me refugié en la lectura de ‘La belleza ajena’ de Adam Zagajewski, ‘El hermoso gatito que encontramos, desdichado y abandonado, en el bosque de Sèvres… Murió muy tranquilo, como abismado en la más honda meditación, cuidándose sólo de una cosa, de la soledad; me daba la espalda, miraba a otro lado. No quería encontrarse con mi mirada’, copio de la página 92”.

Marina Playa

Cita la autora, como homenaje de gratitud, algunas de las muchas lecturas, muchísimas, que van apareciendo, directa o indirectamente en el texto: Baroja, Canetti, Shakespeare o Rosalía de Castro. También a los tres autores de mayor influencia: Walter Seelig Sebald, Javier Marías y Muñoz Molina.

En la primera parte, ‘Todo ocurrió en poco tiempo‘, se insinúa una historia de amor, trasunto de otra historia, “de amor facebookiano platónico”; la historia de unos seres que quizá algún día seremos y su regreso a una roca helada y vacía que alguna vez llamamos el planeta Tierra, porque vive en ellos todavía el fulgor de los libros de que está hecho ‘El lápiz de plata de Madame Chauchat’.

El Envés Editoras lo publica en una edición tan pulcra y cuidada como el texto merece.

Felicidades a ambas, editorial y autora.

Tomás Hernández

 

El lápiz de plata de Madame Chauchat | Ángeles García-Fresneda| Elenvés Editoras, 2022 | 168 páginas | 18 euros.

También podría gustarte