Al hilo de las horas / Di que vengo de un mundo raro

Foto y texto Javier Celorrio

En la foto, el cielo es un plano que escapa del paisaje con sol incluido. Es una imagen fotosópica que me sale distópica influida por la nueva serie de los creadores de Dark, 1889 (Netflix): un relato que indaga en las posibilidades de otras dimensiones que deconstruye nuestra cuatridimensionalidad (ancho, altura, profundidad y tiempo). O al menos, esa parece ser la intención en la primera temporada emitida, aunque de seguir creo intuir que entraremos en otro laberinto a la manera de Dark.

Y no obstante, la cosa no es nueva si recordamos que allá al principio de los años sesenta una voz metálica, extraña y con cierto tono admonitorio decía :»Estás viajando a través de otra dimensión, una dimensión no solo de la vista y el sonido, sino de la mente; un viaje a una tierra maravillosa cuyos límites son los de la imaginación». Así avisaba Rod Serling en su introducción de ‘The twilight zone’, que fue estrenada por RTVE en 1961 como «Dimensión desconocida». Sí, 1961, no es una errata, aunque luego ha habido un remake en 2019, pero sin el sabor, claro está, de aquellas primeras temporadas sesenteras en blanco y negro.

Pero aquellas puertas que se abrían a los mundos de la mente siguen sin ser el actual mundo en el que convive nuestra contemporaneidad. La dimensión sigue siendo la misma: banalidad. Acaso más distópica e imposible como lo es la entropía que advierte en la segunda ley de la termodinámica que nada es reversible. ¿Estamos al final de la escapada o siempre lo hemos estado?. Hace más de un siglo Pío Baroja le hacía decir a Shanti Andía: «Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin inter-es. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos». Si tanto autor como personaje vieran el presente acaso no se extrañarían tanto ante este circo medíatico políticosocial donde todos saben de todo, no saben de nada y, cuando no, difama que algo queda con labia aviesa o inventan ocurrencias dispuestas a brillar en las redes, para cuantificar likes, y en las que el gentío solo quiere informarse por titulares a golpe de pantalla donde, y lo dice el propio Andía ( ya digo hace más de un siglo): «El uno insinúa: Podría ser; el otro añade: Se dice; un tercero agrega Ocurrió así, y el último asegura: Lo he visto… . De este modo se va formando la historia, que es el folletín de las personas serias.» ¿Ha cambiado mucho la situación?

Cuando en los ochenta cantaba Radio Futura «el futuro ya está aquí», resulta que lo que teníamos delante era el canto del cisne y que en los laberintos de Silicon Valley ya se proyectaba la realidad sucesora a aquel fin de la historia que predecían los enterradores del comunismo, y cuyo duelo parece no haber cesado como llanto cosmético de plañideros y plañideras empeñados en mantener la momia por el propio interés cuando la realidad, la dimensión si se quiere, dispone la mayor desigualdad social de la historia y mucho mas expansiva puesto que la dictadura del consumo no deja de publicitar tendencias, lujos, deseos, el cuché del Vogue. La distancia entre arriba y abajo se acrecienta.

¿Hemos cambiado mucho? A lo visto no. Y entre ‘The twilight zone» y «1889» o Shanti Andía y las noticias de hoy, tampoco en lo esencial de ser hijos de nuestro tiempo con sus avances y retrocesos. Seguiremos naciendo y muriendo y al final, ¿ quién nos recordará?

Creo que fue una frase de Coco Chanel: «Las modas pasan, el estilo siempre queda». Cuidemos ello.

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