La Noche de San Juan

Si hay celebración popular que marque el calendario sexitano, no hay que dudar que es San Juan su noche emblemática. De tiempo inmemorial, esta cita de toda la población con el mar es ineludible, al igual que lo son la procesión del 15 de agosto o El Paso de su Semana Santa. Si un almuñequero se encuentra lejos de su pueblo seguro que en estas tres fechas su recuerdo tintará de nostalgia la jornada.

Las hogueras, el lavatorio de cara en el mar al inicio de la madrugada del 24, el bollo de San Juan, las brevas, las sandías refrescadas al vaivén del orillado, las sardinas espetadas al fuego de la fogata y el salitre marengo que perfuma la noche, son sin dudarlo marca Almuñécar de la tradición de este pueblo que iniciaba el verano en esta fecha y lo finalizaba allá por el quince de agosto (hoy nada es como era), festividad de la virgen de la Ascensión. Ambas fechas, que según la tradición de tiempos pasados, daban a los nativos el calendario de inicio y final de la canícula.

Pasar toda la jornada en la playa es lo habitual: abrigado el amanecer por las ascuas de la lumbre que se reaniman con la salida del sol siguiendo la fiesta, entre baño y baño, hasta la anochecida cuando el bando municipal advierte a recoger los bártulos y regresar cada mochuelo a su olivo.

Indispensable en la gastronomía del día el famoso bollo de San Juan con su huevo o varios engastados entre una cruceta en la parte de arriba y que suele tomarse en el desayuno o la merienda. Las moragas de sardinas o los guisos de choto y pulpo, estos últimos preparados en casa y tradición cada vez más perdida al ser sustituida por la barbacoa, y el postre típico de las brevas o la sandía son fundamental en este encuentro playero que se repite año tras año llenando las playas del litoral.

 

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