A pie de foto / Javier Celorrio / De voces y ecos

 

Reavivar la polémica sobre los negacionistas de la vacuna es otro impermeable hacia la realidad de que la vacunación viene lenta y su curso opaco como en todo va lo demás. El objetivo de la inmunidad de rebaño en breve se convierte en utopía cuando es inexistente, por el momento, un calendario o la mínima estrategia de vacunación. Estamos en la política y esta está manejada y afectada por la miopía de dirigentes que tienen más presente la fratría partidista que la patria sanitaria. La primera se catapulta bajo el paraguas de la segunda utilizando esta última como colchón para demostrar el buen hacer hasta en la contradicción cuando no en la mentira más flagrante.

Con el condicionante de evitar la alarma nos imponen el Estado de Alarma , un oxímoron de libro que es como decir la alerta dormida, que si duerme no es alerta aunque queda bien en un significante de vigilia omnímoda. Llevamos tiempo viviendo en el eufemismo, en el oxímoron perpetuo, en la frase vacua de los asesores que tienen el arte de convertir la puñalada en metáfora poética. Un poner a ciegas la realidad de unos cuernos cantada a la manera de una mi arma de la copla: un lirismo trasminado de clavel y nardo que siempre es una pandemia atusada de cursi, como eso de el cambio de la arquitectura de una sociedad maleada, catecismo de revolución, para que resurja el buen salvaje de Rousseau que es, también, recurso cursi de señorita de catequesis como la contaba Juan Marsé o de alguna podemita con el uniforme mental de aquellas de la Sección Femenina. Y es que sabemos que los extremos se tocan.

¿No han tenido nunca ganas de que el sol salga por poniente? La pregunta señala un hartazgo, un cansancio ante la repetición monótona de la realidad, y mucho más en la circunstancia que ha acompañado el 2020 que se ha ido y el 2021 recién estrenado que nos trae más de lo mismo. Por levante sale, por poniente se pone y no hay más cera que la que arde en el orden inmutable del cosmos. Entremedias nuestra capacidad creativa para realizar mutaciones mediante alquimias varias que nos hacen mutables esa realidad incontestable y repetitiva convirtiéndola en cambio incesante. La costumbre es aburrida y por eso lo son esas sociedades que no se cuestionan nada ni tan siquiera la libertad cercenada por el autoritarismo. ¿O acaso es innata a nuestra naturaleza la búsqueda del orden y en ello aceptamos la libertad tutelada y manipulada por unos pocos? En eso estamos.

Desde marzo del año ido somos un mundo asombrado ante lo inesperado y obediente ante las consignas de gobernantes con probada ineptitud, devenida de egotismo, de entender lo que está pasando y de cómo atajarlo. A veces se tiene la sensación de que encastillados en sus poltronas no supieran que esto también atañe a ellos y se hace evidente en momentos con lo que no contábamos, al menos para quienes no son seguidores de los géneros de la ciencia ficción, un mundo asombrado ante lo inesperado que golpea con brutalidad. El orden que conocíamos se ha trastocado desvelando que si el Universo tiene controlada hasta su entropía no somos precisamente duchos en solventar, y mucho menos en gestionar, la nuestra y eso que es una realidad que acompaña nuestra existencia en cualquier orden visible.

Ahora que tenemos la parusía en forma de vacuna en tiempo record resulta que es la llamada logística la que interfiere en el objetivo sanitario de la misma y la culpa de la responsabilidad sanitaria siempre va en cascada en un intento inaudito de autoexculpación de lo que parece un ensayo mal hilvanado de la obra.

Seguimos con las voces de esperanza, pero el universo es un tremendo vacío que devuelve el eco y entonces hay que pararse como Antonio Machado y distinguir las unas de los otros.


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