A pie de foto / La baraka desportillada / Javier Celorrio

 

En ocasiones, la suerte de alguno es provocada por la torpeza del contrario. Al presidente del Gobierno parece que la baraka se le ha roto o es que nunca la tuvo o es que la tropa de torpes parece haber espabilado y, además, la vida es algo que se presenta sin previa tarjeta de visita.

Tras el Covid, que decía lejano, al presi, al de dicen el de la baraka, éste estalló un aciago 8 de marzo en su cara. Luego le vino encima Ayuso a la que calificaba torpe y resultó hábil. Y ahora el clamor nos lleva a Marruecos como conflicto perenne de la España de cuando entonces hace un siglo. Si dejamos a un lado a la madrina de los taberneros madrileños, tanto gripe fatal como conflicto secular parecen peligros naturales que necesitan de más habilidad para resolverse. Ahí se demuestra que no hay baraka y Sánchez carece de lotera que anuncie «el mañana sale» del billete que él vende ahora, y en la copla la Piqué. La suerte, a lo visto, está de parte de los por el momento poco espabilados, resolviendo la papeleta mediante la demostración a la ciudadanía del guion mal hilvanado de esta serie llamada gobierno.

Al largo año de pandemia, con todos sus errores de gestión en lo sanitario y económico, nos sobreviene esta marcha verde sobre Ceuta instrumentalizada por la política del rey hermano. Por el momento, Iglesias, cual Sansón, se ha cortado el pelo, y con ello evitamos desde el gobierno cualquier ocurrencia o chulería verbal que enquiste el problema ¡Él, tan dado a poner guindas a tartas que no la necesitan! Pero sin dicha ayuda contra los filisteos, tampoco parece que la diplomacia sea valor en alza dentro de un ejecutivo que día sí y día también es manojillo de sorpresas pregonada con chorro de voz engolada, gesto de pecho enarcado como de hidalgo amenazante, pero fingido en lo primero y chulesco en lo segundo. Que diría un clásico.

Torpeza tras torpeza de lio en lio vamos y el maná de los prometidos monises europeos no determina en llegar para el viérne de los pobres que salve al acucioso buscador de poder. Los jueves milagro parece no venir a su plegaria y de tropezón en tropezón el laberinto se hace más intrincado, indisoluble, sin hilo de Ariadna que lo guíe.

La baraka venía desportillada, a lo visto, pues no se ha visto suerte que necesite tanta explicación de necesaria tozudez para convencer que el descalabro es victoria. Ya no cuela tú…, ya no cuela.


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