A pie de foto / Las Palomas sobre Rothko / Javier Celorrio

 

Vienen las palomas abriendo mí diario, entre la mística inventada de lo sacro y el espiritual negro luminoso del pintor Rothko a cuyo nicho parecen ir las aves de la foto.

El diario, este diario, viene marcado por las lecturas de los de Umbral, Plá y hasta el menudeo en sueltos de Azorín y algunos más cercanos, pero también por el realismo fotográfico que pretende ser arte y como todo él viene manipulado de componendas mecánicas.

Los neo fotógrafos, todos en digital y teléfono, se ve que nunca han utilizado lo analógico del carrete y aquella impresiones de cuarto oscuro, y es por eso que se escandalicen del photoshop. Son las mentiras de la fotografía las que llevan a ésta a la altura del arte. El amateur de hoy suele ser soberbio, engreído, fatuo y confunde el salir a la calle queriendo hacer de su aburrimiento arte, mientras lo que hace es estampar bonitos paisajes tiene Mallorca, que luego cuelga en la red para lucir la foto de la caja de bombones. Yo también hago cajas, pero las maquillo de pesadez y pensatez de los oscuro. Y esto creo que me salva, pues que el hombre sin imaginación es pasivo y hay que inventarse pasiones como Don Quijote lo hizo en la cincuentena.

Mi diario tiene una intención de luto (ya sea blanco o negro): un velo de crepe negro como aquellos que utilizaba Elizabeth de Baviera cuando entendió que su diario facial se estaba convirtiendo en sepia. La imaginación es mi crepe que huye de cualquier polilla o reumatismo mental y de los otros. A Sissi la recordé, en el misterio de su vida, el otro día en un concierto del romanticismo musical alemán con lieder de Heine, que fue un poeta, como todo el movimiento, excesivo en crepes y túmulos de azabaches terciopelos. Así Liszt, Schubert, y las operas de Weber son una tuba de grandes proporciones y de sonoridad voluminosa y grave tal que el instrumento, pero también con un matiz de caramillo y pastoreo.

A mí los románticos me gustan cuando se ponen intensos, pero entiendo que tras un día de trabajo tanta intensidad agota. Comprendo que a Luis II de Baviera, rey loco y primo de Sissi, le pusiera la tuba del romanticismo con todo aquel jaleo de los Nibelungos de Wagner, pero es que era un rey esteta y dedicado a primorear lo oscuro. De hecho, se hizo construir una gruta que nos enseñaba Visconti en el largo biopic del monarca donde el que sobraba era Helmut Berguer haciendo de loca descosida y coronada de romanticismo desbocado. Película de cuatro horas que, a estas alturas, no recomiendo a nadie salvo que tienda al masoquismo.

Hoy he ido al poniente por hacer romanticismo fotográfico de su oleaje encrespado o el poniente se ha instalado en mi. Ya a todo voy de poniente, de crepúsculo y como Don Quijote, decía Voltaire, eso lo escribió en la cincuentena, me invento pasiones para ejercitarme y huir de la ponientada. En este diario el poniente sopla ya de hace tiempo, pero hay que pasar del reposo al movimiento. Y en ello estamos.

Así, que unos pájaros van al negro y otros al blanco y otros no van, ni están ni se le esperan.

 


Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on email
Email