La revista de Almuñécar y la Costa Tropical

Bitácora con salitre / 8 febrero

El Gobierno va a pedir al ciudadano una segunda oportunidad a las cosas, que es reinventar el vintage: las croquetas de cocido o la ropa vieja culinaria vuelven a la fusión casera del aprovechamiento . Desde hace tiempo hay una plataforma que se publicita como portal de ocasión para la venta y compra de segunda mano. En periodos de carestía, se impone la contención económica que marca la necesidad. O sea, que vuelve lo de dar la vuelta al abrigo y a la dieta doméstica del macarrón con tomate, pero eufemísticamente adaptándolo al restaurante y al agotamiento de los recursos naturales para que no parezca que el español de a pie pueda parecer una memoria histórica de cuando aquellos viernes de pobre haciendo cola en la puerta de servicio del caserón de la marquesa. El «escudo social» no funciona o debe estar medianamente mal para que un decreto dé consejos a la ciudadanía sobre como administrar la energía alimentaria que da a nuestro cuerpo el carburante necesario para la vida. Aunque, repito, dando un envoltorio de glamour al consejo, en aquello del restaurante que envasa la sobra en cartón reciclado para llevar a casa. Aparte la media luz, el agua restringida, los cañones de guerra podemos decir que «era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada…»

(Notas al margen:
«Las sociedades pueden ser inteligentes y estúpidas según su modo de vida, los valores aceptados, las instituciones o las metas que se propongan».
«La glorificación de una raza, de una nación, de un partido, el afán de poder, la obnubilación colectiva, esa pedante seriedad, ese engolamiento feroz y ridículo, la cascada del horror, deberían contarse como fracasos de la inteligencia. Necesitamos un Pasteur que descubra la vacuna contra esa rabia festejada, una pedagogía de la inteligencia que evite tales obcecaciones asesinas, o, al menos, que no las condecore». J. A. Marina )

Veo una copia remasterizada de La Dolce Vita de Fellini. En cada nuevo visionado descubro nuevas cosas, lecturas, perspectiva. La insinuación que abre nuevos caminos y en LDV todo está hilvanado para que pueda ser realizada otra costura, arquitectura y hasta otro orden. Siempre sorprende como sólo lo hace posible un estilo propio.

Tras la tarde de Fellini, una noche con el biopic «Genius» que trata sobre la relación de Thomas Wolfe con su editor Maxwell E. Perkins de Scribner’s Sons de Nueva York. Un tándem de creatividad y genio: el editor encauzando y el escritor en todo su esplendor desatado y torrencial. Aparte la interpretación de un equilibrado Collin Firth, un Jude Law algo histriónico y Nicole Kidman con su frialdad de clase alta sobreactuada. No obstante la cinta no se resiente. Para quien la quiera buscar en España se llamó «El editor de libros». Un torrente sobre la vida literaria de la América de sus grandes glorias como Fitzgerald, Hemingway, Faulkner y el propio Wolfe.

 

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