30-10-24 Foto y texto Javier Celorrio Cuando llueve, en mi pueblo cae sobre el paisaje y calles un silencio como de convento de clausura donde las gotas de agua son cuentas de un rosario pasadas con veneración pausada pero minuciosa, con el ruego de que sea un agua benefactora sin sobresaltos pero que llene los acuíferos; pues hay mucho terreno que regar y mucho turista que mantener. En mi pueblo es que llueve poco y quienes viven de la agricultura y del turismo alzan mucho la cabeza al cielo cuando la sequía se hace persistente.
Decía Borges que la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado. Siempre que llueve busco el poema; lo leo como oración y luego recuerdo otras lluvias y a la gente o la soledad que la acompañaron. También es curioso que recuerdo el momento y también la música que sonaba. Yo follé en Guadalajara bajo un agua torrencial mientras en el tocadiscos una y otra vez se repetía la banda sonora de Ennio Morricone para la película Novecientos de Bertolucci. También en un avión, bajo efectos de la seducción y el abandono, mientras despegábamos con un aguacero considerable oía, en un walkman de los de entonces, aquella canción de la Dúrcal de una gata bajo la lluvia que era servidor maullando melodrama que confundía mis lagrimas con las gotas que por efecto de la velocidad de despegue resbalaban ya sobre el cristal de la ventanilla. ¿No me digan que la imagen no es digna de un Almodóvar con fotografía de Alcáinez?
Hablando de Almodóvar y por coincidencias: con el manchego universal tuve lo mío. Y es que aquella noche de torrentes sobre Guadalajara mi pareja y yo nos cruzamos en aquel Baile el Baile, discoteca que creo que estaba en la madrileña calle Huertas, con Pedro a quien acompañaba el que era y es mi amigo el fotógrafo Alberto García Alix. Con ellos nos paramos un rato, pudiera ser el otoño del 81 u 82 de la década pasada; entre Pedro y yo hubo recíproco tiro de tejos de lo cual me rescato mi pareja quien sacándome del local con cajas destempladas me montó en su simca mil y a toda pastilla, bajo el tormentón, en una hora de viaje terrorífico me llevó a Guada, que era donde él vivía y donde Morricone fue director de la danza de los cuerpos. No es tan descabellado pensar que pude ser chico Almodóvar y años después haber hecho esa escena del avión con los colores brillantes de Alcáinez.
Ahora en el cielo brilla ese sol picajoso que siempre sale tras los ramalazos de agua.
La lluvia (Jorge Luis Borges)
Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto
Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.







