
Ni el Ayer fue mejor ni el Hoy es peor o viceversa. La época pasada tuvo su aquel que acompaña para algunos la nostalgia y para otros un tiempo a olvidar. Teniendo en cuenta que siempre el anochecer suele iniciarse a toque de las doce en el reloj y que en el pasado se fue tejiendo el presente.
Contra los que piensan que el presente es el mejor de los momentos, están quienes defiende la teoría entrópica del desvanecimiento y por tanto que el pasado en sus claros y oscuros tuvo esplendor y lo actual es mera disolución. Es plausible que la masificación, la turisficación con su consiguientes políticas de gentrificar centros históricos y urbanos, ayude la teoría de los segundos que ven desaparecer los escenarios de su vida a beneficio del mal gusto, pero no comparto en parte cuando Manuel Jabois dice que en los recuerdos «el pasado es prestigioso y nos devuelve los buenos recuerdos y nuestro aspecto mejorado», ya que no siempre es así puesto que generaliza en positivo todas esa emociones que también pueden provocar cierta desazón e incluso rechazo, a pesar de que en algún momento hubiésemos creído que esos flases fueron realmente buenos, aunque en ocasiones el paso del tiempo va destejiendo hasta desdibujar sus perfiles. Por tanto estos antaños y hogaños son lo que son: el tiempo de cada uno que en un caso se compartieron de una manera y ahora de otra.
Obvio, que estas imágenes serán más tobogan de momentos, personas y hasta amores y desamores para quienes vivieron los escenarios de cuando entonces. Personalmente, literaria y estéticamente el ayer se hace más apetecible.







