De la ficción novelada de Miguel Delibes con sus “Cinco horas con Mario” a la realidad histórica de las cinco horas que ha estado declarando Alberto Núñez Feijoó ante la Jueza de Instrucción de Catarroja. Del drama a la farsa (Marx, Karl, no Groucho), de la ficción sobre un cadáver al que vela su esposa al deseo de convertir a un político en cadáver (político, por supuesto) haciéndolo desfilar, aunque sea como testigo, en una pirueta judicial bastante insólita. El Sr. Núñez Feijoó, Presidente del Partido Popular, sin responsabilidades en ningún nivel de la Administración, fue citado para declarar por haber dicho públicamente que el Sr. Mazón le tuvo informado “en tiempo real” del curso de los acontecimientos durante la dolorosa tragedia que asoló Valencia en 2.023. El desconocer las interioridades de la Instrucción obliga a ciertas cautelas a la hora de opinar, cautelas que no son incompatibles con algunas dudas y confusiones. De igual modo el contar únicamente con las informaciones que publica la prensa añade más dificultades porque ahí las versiones se tiñen con el color de la tendencia editorial y obliga a extraer verdades aproximadas en los mejores de los casos.
Veamos, el Sr. Feijóó manifiesta en declaraciones públicas que el ya dimitido Presidente de la Comunidad Valenciana Carlos Mazón le había estado informando, como se ha dicho, “en tiempo real” de lo que fue aconteciendo durante aquella riada mortal. De algo que podría considerarse una mera fórmula para decir que estuvo informado de los acontecimientos, o, yendo más allá, tomada la expresión en su sentido literal, de la misma no se desprende nada objetivo de lo que pueda derivarse que dispusiera de una información relevante para la investigación judicial. Un antecedente similar se dio con la citación judicial de la Sra. Vilaplana en la que nadie reparó sobre su importancia para la causa judicial en calidad de testigo hasta que decidió a hacer pública una carta con el claro objetivo aliviar toda la tensión psicológica sufrida por, como suele decirse, haber estado a la hora equivocada en el lugar equivocado, hecho que la convirtió blanco del circo político-mediático, pese a que nada tenía que ver con los hechos ni las posibles responsabilidades que se derivaran, con un tufo añadido del peor machismo. El texto, un error que añadió más leña a la hoguera donde la quemaban, pretendió ser una salida al tormento sufrido por las insinuaciones a que se estaba viendo sometida por razón precisamente de su sexo y el de su interlocutor, porque cierto feminismo político y mediático muestra una combatividad muy selectiva en defensa de las mujeres discriminando por sus sus ideas o el credo del opresor. En esa misma línea la exconsejera Pradas fue sometida a un detestable trato inquisitorial en la Comisión de Investigación del Congreso sobre la dana, llegando llorar por el acoso al que fue sometida por esa ilusión adolescente de la izquierda en que se ha convertido Rufián al que muchos medios no sólo jalearon su crueldad y ese recalcitrante mal estilo en el que se regodea, sino que manipularon lo realmente ocurrido en la sesión parlamentaria para hacerla aparecer más humillada aún.
Independientemente de lo que pudieran aportar el Sr. Núñez Feijoó y la Sra. Vilaplana a la depuración de responsabilidades judiciales, lo que más llama la atención es que no fueran llamados a consecuencia de lo que los hechos de la instrucción habían ido arrojando, sino por hacer públicas unas manifestaciones que carecían de relación directa, tampoco indirecta, no con lo que pudiera haberse decidido por los acusados en el procedimiento, sino por el Sr. Mazón, que de momento no está investigado por la Instructora, ni puede legalmente, un impedimento que no parece ser obstáculo para que muchas diligencias sean averiguaciones que afectan únicamente al Sr. Mazón. Llegado el momento será muy interesante conocer cómo puede establecerse una relación entre el itinerario geográfico del expresidente valenciano y las consecuencias de la dana, porque esa y no otra es la cuestión nuclear de una posible responsabilidad penal del Sr. Mazón. La semana pasada el Comisario Jefe Superior de Policía de Valencia admitió en la Comisión del Senado que el día de la riada se fue a media mañana a Madrid a una reunión en el Ministerio del Interior y que de haber sabido lo que iba a ocurrir es evidente no se habría desplazado. Una explicación que resulta bastante razonable, pero que no parece servir a los responsables autonómicos.
Mucha gente debió hablar con otra mucha aquella fatídica tarde-noche, muy especialmente dirigentes de la Administración Central lo que suponemos en su favor, con los de la Autonómica, y de momento no se ha llamado prácticamente a ninguno, puede ser que porque los de mayores responsabilidades estaban todos de viaje fuera de sus puestos y no tendrían mucho que contar salvo evidenciar que la magnitud de la catástrofe quizás no estuviera tan anunciada en sus letales secuelas como parece desprenderse del sesgo investigador de la Instrucción. Es muy difícil entender que el Sr. Núñez Feijoó estuviera cinco horas declarando sobre algo tan ajeno a su capacidad para tomar decisiones que afectaran a los acontecimientos que el Juzgado examina. De lo que ha trascendido y se ha hecho público, la aportación del Presidente del PP ha sido, no podía ser de otra forma, inane y el único efecto constatable político, pues ha servido para que algunos miembros del Gobierno y los medios de comunicación afectos llamen “mentiroso” al Sr. Núñez Feijoó, no se sabe si por padecer el síndrome del espejo o porque, conscientes de su mismidad mendaz, traten de convertir la falta de credibilidad en un problema general.
José María Sánchez Romera







