Continente caníbal / Tomás Hernández

 

Me mueve a este comentario la última declaración de Toni Cantó. Omito los adjetivos por obvios y evidentes. Dice así su última sentencia: “Yo no creo que seamos colonizadores ni conquistadores ni nada parecido. Yo creo que España cuando llegó a aquel continente liberó al continente. Lo liberó de un poder brutal, salvaje, caníbal.”

Tampoco vamos a entrar en la prosa ni la puntuación del texto. Vayamos a lo enjundioso de sus palabras, al meollo de lo que dice o se supone que dice, porque cuesta creerlo.

Sí, señor Cantó, fuimos colonizadores. El manual de apropiación de los nuevos territorios establecía tres etapas: Descubimiento, con la inmediata comunicación del mismo a la autoridad. La segunda etapa, también con autorización legal previa, era el asentamiento. Y luego, la colonización, cristianización lo llamaban entonces y lo sigue llamando Díaz Ayuso. Así que no sólo fuimos colonizadores, sino también saqueadores, algo inherente al colonialismo.

Y cuando los salvajes, como usted dice, no querían perder su identidad y sus bohíos, y preferían seguir sumisos a aquel poder brutal, que usted debe de haber estudiado a fondo, entonces, señor Cantó, los conquistábamos a sablazos, tiros de arcabuz y perros rabiosos. En las crónicas se mencionan algunos asaltos con perros. Así que fuimos colonizadores, conquistadores y algunas otras cosas. Quemábamos herejes en la hoguera, en las plazas públicas o en las puertas de las catedrales, mientras ellos tostaban en lo alto de las pirámides los guerreros más hermosos. Luego, en una barbacoa ritual, compartían las partes más sabrosas o más codiciadas. Una fea costumbre, sin duda.

En cuanto a la geografía del señor Cantó también habría algo que decir. El continente americano es muy grande. Me viene a la memoria un libro de Vicente Verdú, “Planeta americano”, donde cuenta que la primera impresión al llegar a América (USA) fue la del tamaño de las cosas, todo era más grande que en España, el aeropuerto, las avenidas, las torres de pisos, los coches, los parkings. El continente americano desciende desde los auríferos territorios del río Yukón a las llanuras interminables de La Patagonia. ¡Ahí es ná, señor Cantó! Y, ¿tantos pueblos?, ¿tantas tierras, tantos reinos diferentes, tantas formas de vivir distintas, vivían bajo un único poder brutal, salvaje y caníbal?

Lo de caníbal, que con tanto desparpajo se repite estos días, es para hacérselo mirar.

Tomás Hernández


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