No he leído la sentencia, pero escribo compartiendo la rabia, creo, de muchas personas. No leeré la sentencia, no estoy capacitado para una lectura de especialista, pero comparto la rabia. Una mentira admitida ante los jueces por su inventor, Miguel Ángel Rodríguez, soporte y origen de la acusación. Ni una sola prueba en contra, declaraciones de testigos y periodistas ninguneados. “Un golpe judicial”, dice, literalmente, el magistrado emérito José Antonio Martín Pallín. Se han vulnerado todos los derechos, afirma. Esta sí que es una sentencia ejemplar, un aviso para navegantes, un “quieto todo el mundo”.
Un sentencia con la humillación añadida de una compensación en metálico al defraudador pendiente de juicio. Y una fecha histórica, 20N. El que pueda pensar que piense. Los que pueden hacer ya han hecho. Una vergüenza. Sin palabras.
El viejo miedo a los cuarteles amenaza ahora desde los tribunales.
CAVE CANEM.
Tomás Hernández







