Doce meses doce propuestas: Octubre / Juan Bolívar

 

Un mes más me asomo a esta ventana o mirador de la realidad sexitana y, con el fin de estar más al tanto de lo que mis conciudadanos defienden, reivindican, aplauden o critican, suelo consultar esas «peligrosas redes sociales», que reflejan mucho de nuestros desvelos y afanes. Lo que observo es que nuestra vida está en una exhibición constante de méritos y certezas. Yo, que dudo de casi todo, admiro —es una forma de hablar— a quienes exponen sus opiniones con una certeza incuestionable, entienden de todo y tienen la receta infalible para todo; a quienes se colocan en el centro de todas las cosas, se alimentan del aplauso y convierten la autoridad en privilegio. Quizá sea tiempo de volver la mirada hacia nosotros mismos, de aceptar los límites y reconocer con gratitud que buena parte de lo que somos se lo debemos a otros. Debemos practicar más la virtud de la humildad que, sin haber desaparecido, parece haber quedado arrinconada y que consiste en aceptar que no todo gira en torno a nuestros deseos o a nuestra importancia.

Hace un tiempo escribí en este mismo medio que la ciudad no dice su pasado, sino que lo contiene en cada uno de sus espacios. Ya el granadino universal Ángel Ganivet, en su obra Granada la bella, se lamentaba: «Mi Granada no es la de hoy: es la que pudiera y debiera ser, la que ignoro si algún día será».

Esta es una reflexión que me hago al hilo de la conmemoración que estamos celebrando en relación con la entrega, por parte del emperador Carlos V y de su madre, Juana I de Castilla, del escudo de armas a la ciudad de Almuñécar. Este hecho ocurrió un 6 de octubre de 1526, por lo que este mes se cumple el V centenario de aquel acontecimiento histórico.

Pues bien, en primer lugar, quiero valorar el esfuerzo de la Concejalía de Cultura por la programación vinculada a esta conmemoración, ya que se han organizado diferentes actos, como exposiciones y conferencias, que considero de interés si bien otras iniciativas han dejado mucho que desear. Sin embargo, el pequeño o gran inconveniente, según se mire, es que el documento histórico original que da razón a esta celebración —la cédula real firmada por el secretario particular de Carlos V, Francisco de los Cobos— está invisible, es etéreo, intangible. No podemos contemplarlo. A ver si «aparece», pues duele especialmente el hecho de que el documento más representativo de esta efeméride, que existe físicamente, no esté en poder del Ayuntamiento ni se encuentre disponible en algún lugar representativo, donde la ciudadanía de Almuñécar y sus visitantes puedan tener la oportunidad de contemplarlo.

Y vayamos con las propuestas de este mes, inserto en el esquivo otoño, del que el inmortal Juan Ramón Jiménez subrayaba: «En una decadencia de hermosura la vida se desnuda, y resplandece la excelsitud de su verdad divina».

En esta ocasión, voy a centrar mis proposiciones o sugerencias en los vecinos del popular, cercano y apreciado barrio de Torrecuevas, al que felicitamos por sus recientes fiestas. Al estar un poco alejado del núcleo urbano, quizá llegue a sufrir cierto abandono y, por ello, hay que prestarle más atención.

Torrecuevas tiene carencias de diferentes tipos que han sido puestas de manifiesto por colectivos ciudadanos y representantes políticos. Algunas de las propuestas para solucionarlas se aprueban en Pleno, pero no se ejecutan. Ya he denunciado en otras ocasiones esta práctica de no llevar a cabo los acuerdos adoptados, como ha sucedido con algunas mociones relativas a los barrios de Los Marinos y Torrecuevas, que fueron aprobadas y no se materializaron. Otro ejemplo es el acuerdo aprobado en 2020 por el Pleno del Ayuntamiento de Almuñécar para dar el nombre de Miguel Ávila Padial a la Casa de la Cultura, algo que aún hoy no se ha hecho efectivo.

A ver si entre todos conseguimos influir para que las propuestas aprobadas se ejecuten, pues esta actitud no parece muy democrática. Aquí van algunas propuestas centradas en Torrecuevas y su entorno:

CONSTRUCCIÓN DE UN POLIDEPORTIVO.

Los terrenos ya están disponibles y solo faltarían la disposición y la voluntad manifiesta de llevarlo a cabo. Confiemos en que su ejecución se materialice durante el próximo mandato de la Corporación Municipal, porque en este parece que no va a ser posible.

ADAPTACIÓN DE LAS INFRAESTRUCTURAS.

La población va aumentando gradualmente, pero las infraestructuras no se adaptan a ese incremento vecinal, lo que genera deficiencias en los servicios básicos. Por ello, se debe:

  • Mejorar el saneamiento y la red de aguas fecales.
  • Construir el acerado desde Las Peñuelas.
  • Arreglar el carril del Zahonado.
  • Optimizar el alumbrado público y mejorar la rambla.

CREACIÓN DE UN MIRADOR EN LAS PEÑUELAS.

Lo he propuesto en varias ocasiones. Sería una forma de dar visibilidad a nuestro valle de río Verde cuando los visitantes acceden desde el barrio de San Sebastián. Contaría con aparcamiento y paneles informativos sobre las especies de plantas tropicales que se divisan desde esa bonita zona de observación del valle.

RESTAURACIÓN Y ADECUACIÓN DEL ACUEDUCTO ROMANO.

Tanto el tramo de Torrecuevas como el conocido como tramo número II, ubicado en Río Seco, deben someterse a una restauración rigurosa, exhaustiva y técnicamente adecuada, especialmente este último. Nuestro monumento más representativo no puede sufrir un proceso de deterioro galopante. Basta con visitar ese segundo tramo al que me refiero para darme la razón.

RECUPERACIÓN Y DINAMIZACIÓN DEL CENTRO CÍVICO.

Hay que descentralizar la actividad sociocultural y programar actividades en los barrios que cuentan con una infraestructura de este tipo, como es el caso de Torrecuevas.

OTORGAR EL NOMBRE DE SAN MIGUEL AL CEMENTERIO.

En nuestro municipio ha habido enterramientos en diversos lugares y de diferente condición: desde las antiguas necrópolis fenicias y los columbarios romanos, pasando por los cementerios hebreos y árabes, hasta los conventos, los recintos parroquiales y las zonas adyacentes.

Llegamos así a una época más reciente en la que, como me recuerda mi admirado Nicolás Antonio Fernández, el actual camposanto se inauguró en 1977 en la finca El Magnífico, en unos terrenos propiedad del Estado que habían sido embargados y ejecutados por deudas tributarias de la factoría azucarera allí establecida. Este cementerio sustituyó al anterior, situado en el recinto del castillo de San Miguel.

Por ello, otorgarle el nombre de San Miguel al actual camposanto sería una forma de vincular los dos últimos cementerios y dar nombre al que todavía no lo tiene.

Decía Aristóteles que la excelencia nunca es un accidente, sino el resultado de un esfuerzo sincero. Y es precisamente en esa voluntad de aportar ideas, esfuerzo y compromiso para la gente y el espacio que comparto donde me van a encontrar. Ese propósito me mueve a seguir aportando estas ideas mensuales, agavilladas, el deseo de contribuir a que este espacio que compartimos y amamos consiga, o al menos lo intente, alcanzar la excelencia que buscamos. Unas ideas que se sumen a las aportaciones de los colectivos ciudadanos e institucionales. En fin.

J.B.

 

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