
Entrevista y foto: Juan Bolívar
Vuelvo a asomarme a esta ventana digital con otro invitado que amablemente ha accedido a nuestra entrevista. En esta ocasión alguien con el que compartí sueños de juventud en un seminario religioso del tardofranquismo en la histórica población de Santa Fe y que el azar nos volvió a reunir en esta milenaria Sexi. Les invito a descubrir la faceta humana, vitalista y reflexiva de:
Nombre de pila: Juan de Dios Bravo Campaña
Nacido en: Chauchina casualmente por accidente ya que mi padre estaba destinado por su profesión de guardia civil en esta localidad de la vega granadina.
Estado laboral: Jubilado con toda la carga connotativa de la raíz de ese término: júbilo. Con una vida más intensa ahora que en mi vida laboral.
Estado físico: Bien, mucho mejor de lo que uno espera a punto de cumplir los setenta.
Estado emocional: Empático, intento no somatizar en lo posible los problemas.
Estado civil: Viudo. El fallecimiento de mi pareja me supuso un “palo muy gordo”. Mi terapia fue escribir y llorar. Al principio empecé a escribirle un diario dirigido a ella pensando que se iba a recuperar: Impresiones, sentimientos,… Y a raíz de esta situación tan dura conocí a una persona que me derivó a contactar con el Teléfono de la Esperanza. Esa circunstancia ha dado un nuevo rumbo a mi vida ya que he empezado a colaborar con esta entidad de voluntariado en la que he conocido un equipo de personas que con su entrega me han devuelto la energía y la ilusión perdida.
¿Desde cuando eras un seminarista lleno de proyectos allá por los sesenta tus expectativas se han cumplido? Pues en principio tengo un recuerdo bastante positivo porque la experiencia en el seminario me sirvió para aficionarme a la lectura que me ha acompañado toda la vida, de hecho, recuerdo que con doce años me recomendaron leer la novela La ciudad y los perros de Vargas Llosa que me abrió el mundo apasionante de los libros.
¿Consideras que elegiste bien al apostar por la docencia? Pues mi vocación inicial era ser periodista, pero por problemas económicos al tener que ir a Madrid, pues no se podía estudiar en Granada, me decidí por estudiar una carrera universitaria que fuera corta y esa era Magisterio (actual Ciencias de la Educación), pues solo duraba tres cursos. Reconozco que el ejercicio como docente lo he disfrutado mucho con los alumnos y los 42 años que he ejercido mi profesión no ha sido trabajo sino disfrute y, aunque fui docente de rebote, me he sentido muy realizado. He ejercido en Chauchina, Guajar Faragüit, Santa Fe, en Pedrera (Sevilla) y, sobre todo, en Jete durante 32 años que me han marcado y he podido hacer un seguimiento de varias generaciones de alumnos con las que conecté muy estrechamente y de hecho sigo vinculado con muchos de ellos.
¿Nos puedes explicar en qué actividad has puesto tu esperanza en los últimos tiempos? En el Teléfono de la Esperanza. Para mí ha sido una tabla de salvación y animo a que la gente contacte con ella. Una entidad cuyo fin es promocionar la salud emocional ayudar a compartir el dolor, se hacen talleres de duelo, ofrecen cursos de formación y desarrollo y de crecimiento personal. En fin, una entidad de voluntariado pionera en la promoción de la salud emocional y, especialmente, de las personas en situación de crisis individual, familiar o psico-social. Estos son los números de teléfono de la Esperanza por si alguien los necesitara: 958261516 -717003717 . (Añadamos que la Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza (ASITES) es una entidad de iniciativa social, fundada oficialmente en 1971 por Serafín Madrid y declarada de Utilidad Pública en 1972. Es miembro fundador de la Plataforma del Voluntariado de España y también es miembro de pleno derecho de IFOTES (International Federation of Telephonic Emergency Services, con sede en Ginebra) y de la IASP (International Asociation Suicide Prevention) y, a través de éstas, está vinculada formalmente con la OMS (Organización Mundial de la Salud). Tiene convenios de colaboración con varias universidades nacionales y extranjeras y está presente en 30 provincias españolas, en Oporto (Portugal) y en 9 países de Latinoamérica. También está funcionando en Zurich (Suiza) como recurso de ayuda para el numeroso colectivo de hispano-lusohablantes y están adelantados centros similares en Miami y París).
¿Cómo es la salud emocional de nuestra sociedad según tu experiencia en ese voluntariado con el que colaboras? Intento ser optimista pero debido a la COVID, danas, incendios, falta de expectativas, …hay muchos altibajos emocionales, al igual que la vida del ser humano: una montaña rusa. Reconozco que la situación es bastante difícil sobre todo entre los jóvenes, a los que veo y valoro mucho y son muy solidarios pero la salud mental entre la gente joven se va deteriorando, quizá debido a las redes sociales. Cuento una experiencia que he tenido: El 10 de septiembre es el Día Internacional para la Prevención del Suicidio y todos los años el Teléfono de la Esperanza monta un puesto informativo con una serie de actividades y , entre ellas, este año se ha hecho una lectura sobre esta temática por personas de familiares de personas que se han suicidado y conocí a un rapero, cuya amiga sufrió acoso escolar, se llama Annarce y ha creado una canción con el título «Queda Esperanza», la cual trasmite comprensión, ánimo y fuerzas a quien está pasando por un momento difícil.
¿Te considero optimista, eres de la opinión de que hay siempre salida? Sí, me considero optimista a pesar del duro golpe sufrido con la falta de mi compañera. Todos necesitamos una mano a la que asirnos y un hombro en el que apoyarnos y eso siempre lo vas a tener pues siempre habrá alguien dispuesto a escucharte y es mi deseo que apostemos por el apoyo mutuo como forma de hacer una sociedad más empática y más solidaria. Y ante los problemas aconsejo que la gente pida ayuda. Además, hay que quererse uno a sí mismo tanto en el plano físico como en el mental, emocional, etc. (Esto que dice Juan de Dios me recuerda lo que Aristóteles defendía de que el principio de las relaciones afectivas con los otros arranca de la forma en que nos queramos a nosotros mismos.)
¿Qué es lo que más te gusta y más te molesta observar? Me gusta observar los abrazos largos, profundos y sinceros y, por supuesto, la sonrisa, algo que cuesta poco pero que llega mucho ya que es la distancia más corta entre dos personas. Valoro bastante que nos estrechemos la mano, a veces esos gestos son más útiles que las palabras. Mi experiencia personal es que alguien que haya pasado por un trance difícil, un abrazo lo valora mucho más que las palabras. Lo que más me molesta observar es la crispación, el lenguaje enfrentado, la hipocresía de nuestros dirigentes, … Soy bastante escéptico en política y la polarización de nuestra sociedad me afecta mucho. Esperemos que no degenere en otras situaciones más complicadas.
¿Cómo sería tu sociedad ideal? La trasmisión de ideales positivos a las generaciones venideras y esos valores se deben transferir a través de la educación, las ONG . El ofrecimiento de ayuda, de empatizar con el otro y que, aunque cueste trabajo, no podemos cejar en el empeño. Y, por supuesto, no perder la esperanza.
Háblanos de tu y mi pueblo de adopción, descúbrenos tu rincón favorito ¿Por qué? Mi residencia en Almuñécar vino motivada porque mi pareja, Conchi, era sexitana y toda su familia vivía aquí así que en este rincón mediterráneo nos establecimos y no me arrepiento en absoluto porque, si bien me aporta sensaciones agridulces, ya que, aunque soy más de montaña, de sierras y ríos, la tranquilidad que disfrutamos aquí en los meses tranquilos no se valora lo suficiente. Mi rincón favorito es el jardín del palacete de La Najarra donde, a veces, me siento en alguno de sus bancos y me sumerjo en la lectura de un libro y me abstraigo. Otro lugar que me atrapa es el entorno de Cerro Gordo y, especialmente, la torre vigía que se encuentra en su parte alta.
Déjanos una reflexión que nos indique que la vida, a pesar de sus contradicciones, merece la pena ser vivida intensamente: A pesar de los sinsabores que te da la vida hay que intentar luchar, mirar la vida de frente, vivir al día y ser buena gente y por tanto dejar el mejor recuerdo posible.
Pues enredado e ilusionado en sus colaboraciones altruistas con la entidad Teléfono de la Esperanza, con sus lecturas, y sus escritos, sus salidas a la montaña y sus muchos amigos dejamos a este representante excelso de la sociedad civil a la que yo reivindico por encima de todo porque es la savia que nutre nuestra apuesta por vivir en comunidad. Experiencia social que, a pesar de sus carencias, contradicciones y debilidades siempre merece la pena ser vivida con esperanza como ha sido para mí, y espero que para ustedes amables lectores, observar las reflexiones que nos ha dejado mi admirado compañero y amigo Juande Bravo. Gracias y ¡a vivir!







