El PSOE presenta una moción para distintas actuaciones en el Barrio de Los Marinos de Almuñécar

Hace pocas semanas el secretario general de los socialistas almuñequeros, Juan Moreno, visitó Los Marinos para charlar con los vecinos y escuchar todas sus reivindicaciones, necesidades e ideas sobre el barrio al que tanto quieren y que debería ser un emblema turístico, cultural y urbanístico prioritario para el Ayuntamiento de Almuñécar. Algo que, de momento, no es así, destaca Moreno.

Se trata de la primera moción que presenta el grupo municipal socialista desde que Juan Moreno fue elegido por la militancia como secretario general y que se debatirá durante el próximo pleno ordinario. Entre las propuestas que incluye el documento se encuentran: la reapertura del Centro Cívico (actualmente cerrado, sin actividad y sin personal municipal) e inclusión en
el propio centro de una oficina de atención al ciudadano, así como mejoras en el parque infantil y en la línea de autobús, para facilitar el acceso a la vivienda de los vecinos que residen en las partes más elevadas del barrio.

“Hemos constatado que los vecinos tienen quejas sobre la limpieza, dejadez en el mantenimiento, descontrol en la colonia de gatos y diferentes problemas de accesibilidad que afectan a muchos de los vecinos, especialmente los que viven en las casas más altas”, detalla el PSOE en los diferentes temas recogidos en la moción.

Una de las novedades que incluye la moción es la construcción de un mirador. “Ya que el gobierno local alardea del superávit del ejercicio anterior, se trata de una opción viable para esta misma legislatura. Un espacio que reconozca la peculiaridad de este barrio y que tenga forma alusiva a su origen. Son muchos los ejemplos a lo largo de la geografía española, o europea que
puedan orientar en su diseño. Este mirador será un referente de nuestro municipio”, comenta Juan Moreno.

Historia de un barrio

Corrían los años 50 del pasado siglo, cuando a Almuñécar empiezan a venir los primeros veraneantes, en avanzadilla de lo que luego será el boom turístico, y por tanto constructivo, de esta ciudad. Uno de esos pioneros del veraneo en Almuñécar era el entonces ministro de vivienda, José María Sánchez Arjona, quién tenía una buena relación con los pescadores de Almuñécar a tenor del entonces alcalde, Ponciano Celorrio, de quién partió la idea de realizar un barrio para las familias de los marinos del barrio del Castillo.

En aquella época desde el Instituto de la Vivienda, que dependía del Ministerio de Vivienda, se pretendía eliminar el problema del chabolismo, cada vez más creciente en toda España y por tanto también aquí en la costa. Y el ministro prometió la construcción de nuevas viviendas a los pescadores de Almuñécar. Algo que se llevó a la práctica una década después, coincidiendo con el desempeñó del cargo de jefe de la secretaría política del ministerio de la Vivienda, del mencionado alcalde sexitano.

De esta promesa, surge en 1962 un proyecto para la construcción de 102 viviendas de tipo social, por encargo de la Obra Sindical del Hogar, que formaba parte de la Organización Sindical Española, el único sindicato que existía durante la dictadura franquista, el conocido como “Sindicato Vertical”. El objetivo era la construcción y administración de viviendas de construcción pública, que al principio se alquilaban a precios casi simbólicos y con el tiempo se vendían a bajo precio a las familias que las ocupaban. Los terrenos los ofreció el Ayuntamiento de Almuñécar y estaban situados en la ladera este del cerro de San Cristóbal. El arquitecto al que se le hace el encargo es Rafael de la Hoz Arderius, precursor del Modernismo en España, que llegó a ser muy prestigioso y al que se le otorgaron varios premios de arquitectura en el transcurso de su vida profesional. Como las casas iban destinadas a los pescadores de Almuñécar, a esta urbanización la llamó el barrio de Los Marinos. El arquitecto recibió el encargo de realizar el mayor número de viviendas posible, en una ladera que tenía una pendiente muy fuerte, del 54%, y además es un lugar muy visible desde las playas y lugares más turísticos de la ciudad. Para resolver estas cuestiones, elaboró un proyecto en el que las casas se disponen en bancales que seguían las curvas de nivel, situadas a un lado y a otro de las calles, que subían en línea recta, colina arriba, de forma tan pronunciada que se debía de acceder por escalinatas. Las casas se colocaban escalonadas, de manera que el tejado de una casa, servía de terraza a la siguiente. Las casas son espaciosas, porque tienen casi 70m construidos y 60 de terraza. La interpretación del terreno fue positiva, porque al ser casitas bajas, el aspecto final se asemeja al típico pueblo andaluz, encalado en blanco, como si estuviese situado en la falda de un castillo; y sacó provecho de la orientación de la ladera, colocando las casas de manera que estuviesen soleadas y luminosas, protegidas del viento y aprovechando las magnificas vistas al mar.

Su trabajo se encuadra en el movimiento arquitectónico modernista de la época y tiene bastante mérito, porque con medios muy escasos y en un contexto tan complicado como es construir en ladera pronunciada, consiguió un resultado de gran calidad.

 

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