
Dice Feijóo que el gobierno (de España) está en Sicilia (¡glup!), porque el gobierno es la Mafia. No sé si usa aquí una sinestesia dislocada, -un esguince semántico- o un retruécano. La distopía de Feijóo me recordó alguna lectura donde se habla de que en el origen de la Mafia tuvieron algo que ver el escorbuto, unos huertos de naranjos en Sicilia y los viajes trasatlánticos. Busqué y encontré el libro que recordaba vagamente. John Dickie, “Cosa Nostra”.
Dice Fiejóo cada día, en sus mítines de mañana y tarde, que el gobierno es una Mafia y que hay que limpiar las cloacas y echar a Sánchez. Hace siete años, justo por estos días, acabó una de las etapas más corruptas de la democracia. Cerró el periodo, como en un telefilm, la desolada imagen del bolso de Soraya Sáenz de Santamaría en el escaño vacío de Rajoy.
Fue la imagen última de la etapa de los partidos hegemónicos, ninguno de ellos puede gobernar solo. Esa imagen abrió la era del insulto. Casado, el feroz De Egea, la implacable Cuca Gamarra, Macarena Olona. ¿Se acuerdan? Aquellos exabruptos. “Felón” recuperó Casado de la Edad Media para humillar a Sánchez con palabras nuevas. Aquellos exabruptos suenan ahora a cortesía dieciochesca.
Feijóo dice, y repite sin rubor, que el gobierno es la Mafia. “El Padrino” no es la Mafia, por muy reconfortados que saliéramos del cine, o de la pantalla del ordenador ahora, por las justas venganzas de don Vito y Michel Corleone, aunque este ajusticiara a su hermano Fredo. La Mafia, como la avaricia, es insaciable. La Mafia mancha y lo hace para siempre.
La consigna para la convocatoria de una legítima rebelión civil para el próximo domingo, “Democracia o Mafia”, aunque ahora les parezca un hallazgo lingüístico, es una apuesta desafortunada. Basta con arrastrar y desprestigiar las Instituciones democráticas para abrir las puertas de par en par a la Mafia. Que le pregunten a Putin. Ahí está, de presidente vitalicio.
El diputado de ERC, Gabriel Rufián, recordaba estos días que el asedio a Sánchez ya lo sufrieron políticos de Podemos, los independentistas catalanes y hasta empresarios, como Sandro Rossell. Y advertía el político de que la bancada del PP no debería sentirse tan segura, jactanciosa y confiada. La bestia que alimenta, o algo así, dijo, se acabaría volviendo también contra ellos.
Democracia o Mafia no es un buen augurio. Para nadie.
Tomás Hernández







