José G. Ladrón de Guevara. Poesías Completas / Tomás Hernández

 

Voy a empezar hablando de la poesía de Ladrón de Guevara en una mañana lluviosa de primavera.
Abrí el primer tomo de las Poesías Completas por la página que señalaba el marcador. Un poema
sin título. Cinco sextinas y un pareado. Sin rima. Las cinco sextinas hablan de lo esencial. “La tierra
donde ardemos como un soplo de alcohol”. La noche, “cuando un nudo de pájaros nos ata”. La
esperanza “lo mismo que banderas / que regresan de alguna guerra a muerte”. “Lo quinto es una
muerte donde echarnos”. Y cierra con un pareado de tono irónico sobre la vida como sueño y
olvido: “Lo sexto, ya se sabe, es acostarse / y olvidarse que somos lo que somos”.

Ese poema, esa mañana, cambió mi idea de la poesía del poeta granadino. Más allá de la
inteligencia y la habilidad, ya conocidas en su poesía, para la ironía, había un pensamiento esencial
y unas imágenes propias que son lo que definen el lenguaje poético, “la tierra donde ardemos como
un soplo de alcohol”.

Mi primer encuentro y recuerdo de Pepe Ladrón de Guevara es del año 2005, si no recuerdo
mal. Yo presentaba un libro y me pareció reconocer en el centro de la sala el rostro del poeta y
periodista que yo conocía por la prensa. Me acerqué a saludarlo y darle las gracias. “Me han dicho,
contestó, que hoy leía un poeta y hay que estar donde leen los poetas”. El último recuerdo, ya sin él,
fue el adagietto de la quinta sinfonía de Mahler que oímos en su funeral. Entre ambos momentos,
veinte años de amistad frecuentada por la relación de un amigo predilecto, el también periodista
Andrés Cárdenas, y por el premio de poesía de La Herradura al que Pepe acudía puntualmente todos
los años.

Y escribo con alegría sobre estas Poesías Completas de Ladrón de Guevara, primero por
tener toda la obra del poeta en tres voluminosos tomos. Escribo con mi admiración por la rigurosa y
cuidada edición del profesor Antonio Chicharro Chamorro y felicito a Gerardo Martín y a la
editorial Puerta Granada por la publicación.

En la Granada de posguerra y primeros años sesenta, se seguía hablando de Federico García
Lorca y se celebraba la aparición en Madrid de La casa encendida de Luis Rosales y lo novedoso y
original de su poesía. En la ciudad, unos jóvenes veinteañeros escasos de libertad y de recursos se
afanaban por las cosas de la poesía. Rafael Guillén desde su casa en Cercado Bajo de Cartuja
repartía su magisterio y su bondad entre los poetas más jóvenes. Así lo hizo durante toda su vida y

varias generaciones de poetas aprendieron a su lado y lo quisieron. Pepe Ladrón de Guevara estaba
allí con su amigo de la que sería una larga vida y juntos levantaron la Veleta al Sur, que todavía se
mueve con los vientos. Y había otros amigos, Julio Alfredo Egea, José Carlos Gallardo y dos
mujeres, dos poetas, Elena Martín Vivaldi y Trina Mercader. De esta última tuve noticia por una
conversación con Jenaro Talens. A su amiga Elena dedicó Ladrón de Guevara esta sentida quintilla:

Llega el otoño a Granada.
Y el paisaje es un poema
manuscrito por Elena
sobre la tapia encalada
que alumbra la luna llena.

En este ambiente y en estas amistades creció la persona y la obra del poeta granadino. Una
poesía poliédrica, variada por sus asuntos, poesía amorosa, poemas contra la falta de libertad, la
sombra de la guerra civil, “que no digan que Granada / se entregó sin resistir; / porque tardaron tres
días / en tomar el Albaicín”. Comparte la derrotada suerte del trabajador, “Coplillas del trabajador
andaluz que no quiso emigrar”, la aceptación de un vitalismo estoico, la crítica contra el poder y los
falsarios, la música, tan importante en su vida. Esto escribió en un poemilla que titula “Momento
musical”: “Aquella noche, la luna / se tiró por la ventana”.

Si inabarcables son los temas, motivos y variaciones de la poesía de Ladrón de Guevara, lo
mismo podría decirse de su variedad métrica y de la estrofa. Los poemas pueden ir desde el ritmo
paralelístico de la poesía árabe clásica en un fluir caudaloso hasta el picotazo puntual y preciso de
sus chanzas, como él llamaba a sus poemas más jocosos.

Quien se adentre en esta variopinta selva poética tiene asegurado que no conocerá el
aburrimiento, reirá con la inocencia del niño y leerá el mundo con ojos indulgentes.

Recoger la poesía de Ladrón de Guevara, libros, plaquettes, colaboraciones, hojas
traspapeladas, servilletas de bar, no debe de ser tarea fácil, pero hacerlo con la meticulosidad
exhaustiva del profesor Antonio Chicharro es prodigio. El poeta era consciente de esta dispersión
cuando tituló su discurso de ingreso en la Academia de Buenas Letras de Granada con el nombre de
“Poemas inéditos traspapelados”. El profesor Chicharro Chamorro no sólo recoge, ordena y publica
esos pliegos sueltos, sino que coteja las diferencias mínimas y explica las variantes. Eso es respeto
por la obra de un amigo, como es el caso.

La editorial Puerta Granada es fruto del tesón de Gerardo Martín y su entorno más cercano
de amigos y familia. Gerardo ha encendido la antorcha de la poesía en este rincón del sur con sus
encuentros con autores en su Refugio de versos, el Patio de los ingenios, y, recientemente, con la
colección de poesía Faro Sacratif, con libros de Carla Friebe, Concha Badía, Juan José Castro y los
que vendrán.

Cumplida está la memoria poética de Pepe Ladrón de Guevara con el cariño de sus amigos
que se han ocupado de ella y la ponen en nuestras manos.

Tomás Hernández

 

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