La inconsistencia del equidistante / Tomás Hernández

El equidistante es la flor de todas las tertulias. Él, o ella, está allí para asegurar que el medio en el que actúa es plural y democrático. El, o la equidistante, ignora, supongo yo, que al medio en el que participa le trae sin cuidado su ponderada opinión, que la verdad le importa un bledo y que sólo se trata de hacer caja y ampliar el abanico de suscriptores o diversificar la audiencia. Pero no siempre el equidistante es tan ingenuo. Juzgue el lector.

Tertulia mañanera de considerable audiencia. De tendencia a la izquierda, dicen. Se habla del genocidio televisado de Gaza. La equidistante interviene para “equidistar” que el asunto de Gaza lo inició Hamás y que no debemos olvidarlo, porque hay que ser justos. Es como decir que puesto que ETA mataba en el País Vasco por qué no eliminar a los vascos y convertir sus hermosos campos en un “resort nórdico”. La periodista habló del “asunto de Gaza”, pero no mencionó la palabra genocidio. El periódico en el que escribe clamó al cielo cuando Sánchez utilizó la palabra genocidio. Ella sabía adónde apuntaba, al corazón de quien piensa: “Eso es verdad. Hamás lo empezó todo. Seamos justos”. La coletilla que remata la idea, la publica todos los días el periódico de papel de tirada nacional en el que escribe. Si alguien quitara la vida a uno de los nuestros, eso no nos justifica para acabar con él, aniquilar a su familia, quemar su casa y arrasar el pueblo. A eso lo llaman, de forma tan canalla, derecho a defenderse. En estos momentos oigo a Feijóo decir exactamente lo mismo, aunque hoy añade que es un abuso. Sería conveniente recordar a la periodista y a Feijóo que según el redactor del “Washington Post”, Ishaan Tharoor o el general israelí Yitzhak Segrev, entre otros, el gobierno de Israel contribuyó a los orígenes del grupo terrorista Hamás como brecha para romper la OLP (Organización para la liberación de Palestina) de Yaser Arafat. Lo mismo que hizo Estados Unidos con los talibanes de Afganistán cuando luchaban contra el invasor soviético.

Más oprobioso que el equidistante es el muñidor de la composición de la tertulia. (Hoy nos ha dado por los adjetivos en desuso). El muñidor es el más imparcial de todos. Él representa la Verdad, rodeado de opinadores que expresan su verdad. Él elige, o propone, quiénes se sentarán a la mesa que preside. Y ahí empieza el engaño, el trampantojo, porque en esa escenificación se blanquea la mentira, se justifica la perversión y se trata por igual lo verdadero y lo falso. Sirvan de ejemplos las pantomimas televisivas de Iker Jiménez a las que a veces acude un científico de prestigio, un pensador. Y te preguntas si no sabrá el invitado que su presencia en ese corro de charlatanes justifica el disparate o alienta la superstición contra los que la ciencia, el pensamiento, ha tenido que defenderse tantas veces. Se ataca y se persigue estos días a los científicos, mucho más si son mujeres, que alertan del cambio climático. Un científico honesto, un pensador honrado no debe sentarse en esa mesa.

Los equidistantes son los tibios que el Señor arrojará de su boca o los malditos de Celaya: “Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”.

Tomás Hernández

 

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