La revista de Almuñécar y la Costa Tropical

La yincana / José María Sánchez Romera

Vilassar de Mar, hasta 1.980 San Juan de Mar, es una pequeña ciudad de unos 21.000 habitantes en la provincia de Barcelona. Está gobernada por Esquerra Republicana de Catalunya, partido del inefable Gabriel Rufián, entre los que tanto se deben mutuamente. Ayer, a través de La Vanguardia, lo que luego fue replicado por la casi totalidad de los medios de comunicación escritos, se conoció que el pasado 22 de julio, el Ayuntamiento de esta localidad costera organizó una yincana popular de dos horas destinada a jóvenes de entre 12 y 30 años. El nombre de la actividad propuesta por el organismo municipal sugería la práctica de una actividad inocente muy acorde con la época estival. Según confirman numerosos medios y la propia Corporación, como parte de las pruebas del recorrido en que consiste este tipo de diversión los participantes, que ibas desde menores de doce años hasta personas de treinta, se llevaron a cabo retos de índole sexual y temática pornográfica muy explícita que incluía ensayar las posturas de famoso texto hinduista sobre la actividad sexual humana Kama-sutra. Entre las prácticas sexuales, que no buscaban llegar al nirvana pero también de alto contenido sexual, se incluyó colocar un preservativo con la boca en un plátano, untarlo con miel y lamerlo y también reventar globos, donde las chicas se tenían que poner de cara a la pared y detrás se ponía un chico que, con un globo entre las piernas, tenía que reventarlo en esa postura, según relató una de las madres. Todo esto ocurrió a eso de las diez de la noche en una plaza pública llena de gente. Cuando los niños contaron a sus padres en qué habían consistido las pruebas, se quedaron completamente atónitos.

Carpeta J. Celorrio

Mucho peor fue la reacción del Ayuntamiento cuando tuvo noticias de las quejas de los padres entre las que se incluían la difusión inconsentida de las imágenes del feliz hallazgo lúdico. Desde el Ayuntamiento se contestó que todo se había hecho desde “el punto de vista educativo” porque “el sexo es un tema que despierta el interés de la juventud, pero disponen de pocos lugares donde hablar de ello”. Para acabar de justificarse la Corporación ha manifestado que los jóvenes consumen pornografía “desde una edad muy temprana” y con esta clase de dinámicas “buscan evitar” que se construyan un “imaginario sexual” con actitudes propias de la industria, a las que tildan de “machistas, violentas y poco saludables”. La próxima vez informarán mejor, según han dicho, de las actividades, lo que significa que piensan repetirlo.

Marina Playa

Por Doña Isabel Celaá nos enteramos a su paso por el Ministerio de Educación que los hijos no son de los padres, expresión que quería significar que la formación de los hijos es cosa de las autoridades y que lo demás, alimentarlos, cuidarlos, sufrir con sus problemas, etc., era cosa de los progenitores. Eso significa que el Estado se reserva el adoctrinamiento de legiones de individuos que abran la marcha hacia el mundo feliz que con impagable denuedo nos preparan nuestros gobernantes. Así las cosas, nada tiene de particular que una Ayuntamiento aproveche, con la excusa de una trivialidad como la yincana, para educar sexualmente a los participantes, aunque no lo avisara ni nadie se lo pidiera. Algunos políticos, con exagerada opinión de sí mismos y con un extraviado concepto de lo que significa representar a quienes les votan, creen que todas sus ideas, incluidas las ocurrencias, deben proyectarse tal cual sobre las personas cuyos intereses deberían de administrar, administrar decimos, que es muy distinto de someter.

Una pregunta pertinente es cuestionar quiénes se creen que son este tipo de políticos que se sienten con la facultad de decidir, sin otro fundamento que sus particulares criterios, sobre temas tan privados y poco pacíficos y que pueden utilizar a su libre criterio una actividad de apariencia inocente para impartir educación sexual. La cuestión provoca mayor rechazo si, por cinismo o temeraria ignorancia, llaman educación sexual a las zafiedades descritas, a las que aplicar el término educación resulta insultante incluso para el nivel en que la misma se encuentra actualmente. El que haya adolescentes que vean pornografía o la supuesta intención de evitar que sean machistas (convendría saber por cierto qué entienden por machismo estos maltratadores del sentido común), no permite sin más someter a una especie de terapia preventiva a todo el que caiga en sus manos, aprovechando cualquier motivo. También hay personas jóvenes con problemas cardíacos y no se les ocurrió hacerles un electrocardiograma, ¿por qué tiene más importancia esa llamada “educación sexual” que vigilar la salud del corazón? Pues porque hacen lo que les da la gana en el sentido que a ellos les interesa. En definitiva, el discurso de lo “educativo” es una burda excusa para justificar una elemental falta de sensibilidad, tanto por el hecho en sí como por los afectados y se remata con una exhibición de soberbia de los representantes de esa corporación municipal al negarse a reconocer su error y arrogarse el derecho de imponer a los demás unos determinados principios que, como se ha podido comprobar en muchas ocasiones, luego no aplican a sus propias familias.
José María Sánchez Romera

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