Mañanas en el patio / Tríptico del agua / Tomás Hernández

En el año 2015 publica Eloy Sánchez Rosillo su poemario “Quién lo diría”. Recoge ese libro uno de los poemas más conocidos, admirados y difundidos del poeta a lo grande y humilde que es Eloy. El poema trata de un asunto trivial y rutinario. Acercar a nuestra boca un vaso de agua. En esa sencillez estalla la belleza, las sensaciones, el mundo entero, “astilla viva yo de un súbito diamante”.

Fue Álvaro Salvador quien me envió el poema y la primera noticia de ese libro. Y con él lo celebré y agradecí. Y pasaron los años, y una mañana estaba leyendo unos poemas de Vicente Gallego para su próximo libro y encuentro un homenaje al poema de Eloy. Vicente lo celebra con el título de “Agua clara”. Me dio mucha alegría leer como dos amigos compartían la amistad y un vaso de agua. Y pasaron semanas. Y otra mañana, que andaba yo releyendo esos poemas, me dio por arrancarme y unirme, huésped inoportuno, al brindis. Un acto de amistad compartida sin intención de publicación.

Pero días después, desayunando con amigos, entre ellos mi querido paisano Paco Toro, les contaba yo lo que ahora acabo de escribir. ¿”Y yo podría publicar esos tres poemas”? Paco Toro es Técnico de Cultura del Ayuntamiento de Alcalá y coordinaba unos Encuentros sobre el uso del agua en la Edad Media. Tuvo la idea de que los poemas encabezaran el tocho de ochocientas páginas, me dice, que saldrá esta semana.

Y esta es la croniquilla de cómo la amistad trajo un poema, ese poema, otro, y mi amigo Paco Toro lo convirtió en un tríptico del agua.

Un vaso de agua

Qué suceso increíble:
llené un vaso de agua y lo alcé hasta mi boca.
Era ya media tarde. Me había detenido
cerca de una ventana, aquí, en mi casa,
en este día tan claro de febrero.
Llegó el vaso a mis labios
y en ese mismo instante lo atravesó de pronto
un haz muy apretado y muy intenso
de luz del sol poniente.
Cuántos asombros. Todo rompió a arder
con lumbre limpia y mágica:
el agua y el cristal, el cuarto entero,
mis ojos y mis manos y mi vida.
Sin dar ni un solo paso estuve en todas partes.
No sé cómo decir lo que ocurrió,
cómo expresar que sucedieron siglos
de redención y bienaventuranza.
Oro licuado y tembloroso el mundo,
astilla viva yo de un súbito diamante.

Eloy Sánchez Rosillo

AGUA CLARA

A Eloy Sánchez Rosillo

Me pareció, al beberlo,
cosa cierta este vaso de agua clara.

Vi el cristal franciscano
herido por un rayo de sol tibio,
toda la transparencia
que somos recogida en ese gesto:
un giro de muñeca suavísimo,
con los ojos cerrados
saborear el agua del origen.

Cuanto sigue su curso
me lo bebí de un trago allí en secreto,
la mañana que sólo yo me sé.

Mañana de mi vida, pero acaso
nada es mío ni vuestro
en esta hora azul del mes de agosto,
cuando abrimos un grifo
y el alma se hace añicos y mejora.

Esta enseñanza suya
es de balde y a todos corresponde:
un vaso de agua clara.

Vicente Gallego

 

Vaso de agua

Con Eloy y Vicente

Con vosotros el agua, la claridad comparto,
el gesto tan sencillo de la ofrenda,
“herido por un rayo de sol tibio”
o el súbito destello del diamante.
Con vosotros comparto la luz de la ventana
y en vosotros la bebo, verso a verso,
milagro de la sed o la ventura,
copa de brindis fue, cantar de cercanía.
Que no la enturbie el aire ni los pájaros,
que están bebiendo su agua dos poetas.

Tomás Hernández

Eloy canta desde el asombro de lo sencillo, Vicente celebra la comunión pagana con el agua, yo agradezco en el brindis la amistad.

Tomás Hernández

 

También podría gustarte