Hacía mucho tiempo que no íbamos y esa tarde decidimos acercarnos a Mezora. Situado a 15 Km. de Arcila y a unos 30 km de Lixus, Mezora es el único monumento megalítico de Marruecos.
Cuando llegas a Mezora te das cuenta de que estas en un lugar legendario, mágico, mítico. Al poco de estar allí, notas como unas piedras depositadas hace miles de años te empiezan a emocionar.
Las leyendas hablan de que aquí está enterrado Anteo, el hijo de Poseidón y Gea, que murió en combate con Hércules. No en vano, se dice que tras su muerte, el héroe autóctono recibió una adecuada sepultura.
La primera referencia que disponemos acerca de Mezora nos la proporciona Plutarco quien afirma que el general romano Sertorio (año 81 a. C.) durante su intervención militar en el Norte de Marruecos fue informado de la existencia de una monumental tumba donde estaría enterrado el gigante Anteo, a quien atribuían la fundación de la ciudad. Sertorio mandó abrir el sepulcro y, según decían, encontraron un cadáver de 60 codos, por lo que sacrificando víctimas como expiación volvió a cerrar la tumba con todos los honores.
Tarradell pensaba que la tumba fue abierta en la antigüedad clásica, y ello quizás alteró algo su hipotética estructura interior. Aunque Schulten había mostrado interés por este episodio, fue Tarradell quien relacionó de forma más acertada este hecho con la existencia del monumento de Mezora.
El conjunto consiste en un gran círculo compuesto en su origen por unos 176 megalitos. En muchas zonas de su recorrido por el interior del círculo hay un enlosado de piedras cortadas y bien alisadas. En el centro de dicho círculo de monolitos, ocupando la mayor parte de éste, se erige un enorme túmulo de tierra y piedras acumuladas de unos 6 metros de altura en la cúspide.
En su entorno hay también restos de otros conjuntos de megalitos, en los que se apunta una disposición en círculo. Mezora es el complejo de mayores dimensiones y constituye un monumento único en su género en todo Marruecos. La cronología lo data en torno al 2000 a. C., . Parece ser que fue un espacio de culto que muy pronto se reconvirtió en una tumba monumental dotada de un espectacular círculo de megalitos.
¿Por qué Mezora,? ¿Quién levantó estas piedras? ¿Para qué? ¿Cómo pudieron cortar, tallar y transportar estos bloques?. No tenemos respuesta.
Con la cultura megalítica la relación del hombre con la naturaleza cambia. Desarrollan una economía agro-pastoril, la sociedad se jerarquiza, se hace más compleja, aparecen las desigualdades sociales y la centralización del poder. Aparece el concepto de propiedad. Construyen silos para guardar los excedentes alimentarios y de esta manera un sector de la población puede dedicarse a otras actividades. Surgen nuevas prácticas religiosas. Muchos de estos monumentos se encuentran en lugares considerados sagrados. Esto nos hace pensar que el megalitismo era también una expresión de la espiritualidad de estas antiguas civilizaciones.
Fue Sir Arthur de Capell Brooke (1791-1858), quien puso a Mezora en el mapa. Quería visitar Fez, pero mientras conseguía los permisos tuvo conocimiento de la existencia del monumento de Mezora y fue a visitarlo. A su juicio los restos antiguos del lugar estaban unos concentrados en torno al aduar o poblado, y otros se encontraban dispersos. Nombra todo el conjunto El Uted e indica que el monolito principal era visible desde una larga distancia.
El relato de De Capell Brooke sobre Mezora causó un gran impacto en algunos círculos eruditos de Gran Bretaña. La presencia del megalitismo en Marruecos abría nuevas perspectivas al estudio de este tipo de monumentos en la isla. La relación del túmulo marroquí con los monumentos célticos fueron difundidos por prestigiosas revistas londinenses.
A partir de la conquista romana se produce un silencio en torno a Mezora. Parece que ha desaparecido. Las crónicas portuguesas nos cuentan que en la primera mitad del siglo XVI Mezora fue frecuentemente visitada por los lusitanos de Arcila.
Robert Spence publicó un libro narrando su experiencia en Marruecos. Cuando habla de Mezora, indica que se trataba de un «círculo druídico», de más de 220 yardas de circunferencia. Su principal contribución fue la fijación en un plano de los conjuntos secundarios de monolitos en la llanura de Mezora.
En 1835 John Davidson visita Mezora. Antes de llegar, encontró dos piedras verticales en una montaña que según los lugareños eran los cuerpos de un hombre y de una mujer. Cuando llegó a Mezora, descubre una gran piedra vertical. Observa que junto a ella existían otras muchas plantadas de pie, formando un círculo. Según Davidson el gran círculo de piedras tenía su entrada principal en el lado Oeste. A unos 200 pies del círculo se encontraba una piedra que estaba oblicua unos 45 grados; tenía 15 pies de altura y por su inclinación parece destinada a señalar la entrada del círculo.
Montalbán excavó en Mezora, entre 1935-36 . En los trabajos encontraron restos mortales incinerados, una espada de hierro, un arma de acero con inscripciones, puntas de lanza y algunos objetos de alfarería. La excavación acabó de forma abrupta.
Mezora está situada en una zona deprimida del norte de Marruecos y a veces pienso que con un poco de imaginación se podría utilizar este complejo como palanca para el desarrollo económico de la zona. Porque la cultura también es motor del desarrollo y puede promover la expansión del turismo sostenible y , a la par, salvaguardar el patrimonio cultural.







