La veía cada tarde al doblar la esquina, suspendida sobre la madera azul de la puerta, esperando desde quién sabe cuándo. Y yo también esperaba. Quizá el valor. Quizá una señal. Quizá una de esas casualidades que sólo ocurrían en las películas antiguas, cuando una mujer descendía de un tren envuelta en humo y nostalgia mientras una canción anunciaba que el amor acababa de perder la última oportunidad. Pero los años fueron pasando y la mano siguió allí, inmóvil, mientras yo continuaba atravesando la vida y aquella calle con una historia que te pertenece sin haberla vivido nunca. Y por eso aquella puerta se convirtió en una novela policiaca o gótica, en una película de Alfred Hitchcock o acaso una copla como decorado perfecto para todas las vidas que yo necesitaba imaginar.
Durante mucho tiempo pensé que detrás vivía una mujer. No una mujer concreta, sino todas las mujeres a la vez. Las de las canciones que se escuchaban en la radio. Las de las películas en blanco y negro. Las que esperaban junto a una ventana. Las que guardaban cartas atadas con una cinta descolorida. Las que seguían amando cuando ya no quedaba nadie a quien amar. La imaginaba paseando por habitaciones silenciosas mientras sonaba una copla en una radio lejana o acaso en su mente. A veces esperaba a un marinero que nunca regresó. Otras a un amante que prometió volver en septiembre y desapareció para siempre. Algunas tardes era viuda. Otras abandonada. Otras simplemente melancólica, que es una forma mucho más elegante de estar sola. Y la casa respiraba con ella.
La luz de la tarde ayudaba. Esa luz mediterránea que no ilumina las cosas sino que las convierte en recuerdo tocado de indeciso. Caía sobre la puerta y sobre la mano de hierro como un foco de teatro. Todo parecía preparado para una escena importante que nunca terminaba de suceder.
Yo pasaba por delante y me inventaba historias; las casas antiguas tienen esa capacidad. Son como las viejas actrices: conservan el misterio precisamente porque nadie sabe ya quiénes fueron realmente. A veces me detenía unos segundos. Miraba la cerradura y el llamador. Y sentía que detrás de aquella madera permanecían suspendidas todas las emociones que habían pasado por la casa, como en Aura, aquel relato corto de Carlos Fuentes.
La alegría breve de un encuentro es la tristeza interminable de una despedida y la puerta cerrada era una promesa. Entonces, ¿para qué tocar y que hubiese respuesta? Una puerta abierta es una explicación. Y las explicaciones suelen ser infinitamente más pobres que los sueños. Me imaginaba la escena; la mano golpeando la madera, Un ruido dentro, pasos, una llave girando y la puerta abriéndose lentamente. Detrás, la realidad; una bombilla desnuda. Un recibidor cualquiera. El ruido de un televisor encendido y aquella señora amable preguntándome qué deseo.
Piénsenlo: en ese instante desaparecerían treinta años de imaginación, la novela, la película y hasta esto que ahora les cuento. La realidad tiene esa costumbre vulgar de llegar sin banda sonora y yo necesitaba que aquella puerta permaneciera cerrada, misteriosa. Como esos amores que nunca llegaron a consumarse y por eso conservan intacta su belleza. Porque los amores felices generan recuerdos y los imposibles generan literatura. Es como las familias de Anna Karenina.
Ahora creo comprender lo que me fascinó de aquella puerta y su mano llamadora: era una pantalla donde proyectaba todas las historias que la realidad me había negado. Las coplas. Los boleros. Los besos robados. Las cartas perdidas. Los regresos tardíos. Las madres que lloraban en silencio. Los amantes que se despedían bajo la lluvia. Los secretos familiares guardados en cómodas cerradas con llave. Toda una educación sentimental cabía detrás de aquella puerta.
Ahora, cuando vuelvo a pasar por delante, la mano sigue allí más vieja y oscura. Me gusta pensar que sigue esperando a alguien que nunca llegará a llamar porque algunas historias, como las mejores películas y las coplas más tristes, alcanzan eternidad y siempre serán obra abierta. Y acaso solo a mí le haya importado esa puerta.








