LA TARDE LLEGA…, sin memoria, que es carecer de escritura o cosa que decir. ¿Sería posible una columna blanca? También hay cuerpos que se nos quedan vacíos cuando el deseo saciado de llenarlos descubre la inexistencia de futuro sobre ellos. ¿Acaso tiene más futuro este espacio de papel de letras negras sobre fondo blanco que intenta llenarse con ficciones de memoria que esos cuerpos que un día fueron motivo de pasiones? Se hace difícil escribir como lo es hacer eterno retorno. El eterno retorno es una boutade de Nietzsche: puede que retorne, pero siempre será bajo las circunstancias y puntos de vista del momento de ese retorno.
Las tardes sin memoria son columnas vacías de caligrafía, un nubarrón que impide el crepúsculo en el horizonte. No hay salvación lírica ni amnistía para el pesaroso pensamiento hambriento de una idea que abra el milagro de cierta luz sobre el papel, sobre ese cuerpo que permanece tumbado en la habitación paredaña a la que trabajamos y que imaginamos haber dejado en la habitación continua volando en sueños desde su independencia que para nada contiene ni acepta que la escritura lo describa. Estoy solo como insólita e incómoda avanza mi imaginación sobre la luz de esta pantalla que no espera nada, ni acaso que lo lean. Las ideas se amontonan, los personajes son una masa informe con retazos de realidades, la trama los confunde en la búsqueda de técnica que la desarrolle. La página esta en blanco como la tarde esperando que algún espermatozoide la fecunde: follamos sobre el papel y el gatillazo se repite.
Hay tardes vacías incomodando al recuerdo, a cuerpos igualmente vacíos, e impiden que el futuro los construya por mucho que nos empecinemos en conseguir proyectos que les sean propios. Escribiría de amores por el camino de Almuñécar y entonces contemplaría un desfile de ruinas: los amores pasados, una vez que se recuerdan, suelen ser pavorosas apariciones presentes a las que no les queda nada de aquella pasión que imaginamos en su momento. ¿Le sucederá también a este papel si llega a publicarse, al igual que al cuerpo inventado que acabo de amar y que en la cumbre satisfecha parecía irrepetible, único y cubierto por el curso derrochón de la sublimidad?. Todo un plagio de vida, como lo son éstas frases de escritura. Todo está en otro lado u otra tarde donde habitan otros caminos, veredas y frases, pero que no llega a la mía del momento y que intento recuperar. Pasa con frecuencia que la voz se pierde e impostamos sus sonidos. Podemos amar un cuerpo y hacerlo fingiendo como lo hace cualquier score sobre un cliente, un gigoló con una Stone, las teclas del ordenador sobre la pantalla en este momento. Puto el ordenador y puta la tecla.
La mente en blanco. Los caminos en blanco. La tarde en blanco con nubes altas, sucias y planas. La memoria sin relieve similar a un Sahara sin cielo protector cegado por la luz seca del mediodía calcinando cualquier retina. Mientras tanto, siendo falso, les cuento que el cuerpo de la habitación de al lado lo pongo en apariencia de que jamás volverá a repetirse y en la plenitud de otra tarde en la que haremos literatura lírica, sarnosa por ficticia de ese encuentro, y podamos ejercitar pasiones inexistentes; pues que la cosa de los años quitan mucha emoción a la vida cuando se han vivido algunas, y el paso de los años roban la cosa esa de sabernos bellos, deseables, ágiles sobre un cuerpo antagonista cuya realidad es hermosa. Mientras, la nuestra es diarrea mental, flaccidez de carnes, memoria espuria de otros tiempos: el forro de la memoria vuelto una y otra vez como esos sucedidos que nos cuentan de la Historia y en nuestra generación fue la posguerra.
Y no obstante, aunque quede poco tiempo, hay una brisa que mueve los visillos, agiliza la escritura, reanima al cuerpo en la habitación contigua. La memoria nos llama. y el cuerpo que empareja conmigo sentimientos me reclama. El camino de Almuñécar reaviva sus colores y tengo la tentación de comenzar de nuevo y contarles que en realidad la tarde viró hacia crepúsculos espléndidos donde sucedieron amantes que eclipsaron a cualquiera de aquellos que fueron reputados en el Olimpo. Lo siento por recobrar el presente. Tendrá el futuro tiempo de joderme con otro dramatismo o igual al que les he contado. Pero el presente es el carpem die de Horacio. Todo esto ha sido un ejercitarme en el dolor que es manera para que las calamidades del futuro me encuentren con los ejercicios gimnásticos realizados; pues que cuerpo preparado es cuerpo salvado. Hay, ya digo, un herborizar de primavera por las venas, un rocío que apunta lanzadera por el sexo y la tarde apunta a todas las zonas celestiales del universo en ese momento, culminación del placer, donde nos envenenamos del azul delicuescente del universo envolviéndonos en su manto de estrellas. La página sigue en blanco. Recuerdo una frase de Gore Vidal, el viejo aristócrata americano de Ravello: «Uno de los objetivos de todo arte literario es hacer que el lector colabore». Rellene usted esta página de noches blancas.







