El lamentable alcalde de Badalona miraba esta mañana con indiferencia despótica el móvil, mientras sus compañeros de corporación en el “pleno” municipal le reprochaban su salvajada con los inmigrantes más pobres. Los desposeídos.
A la misma hora, la portavoz del PP alardeaba en televisión de que los extremeños habían demostrado, en la votación del domingo, que se había perdido ya el miedo a la advertencia del peligro de un gobierno bajo la tutela de la extrema derecha. Se la veía ufana y dichosa.
En Sevilla, el alcalde, también del PP, acata el mandato de VOX con cláusulas tan denigrantes como que ningún “sin papeles” pueda empadronarse. Si no estás empadronado no eres nada, nadie, ni siquiera un nombre en una lista. Se abre la puerta de par en par al negacionismo climático, se niega la violencia de género y se suprimen los servicios de asistencia social a los inmigrantes.
En Valencia, PP-VOX, se redactó la alerta ante las últimas lluvias en castellano e inglés. Ya sé que es un detalle menor ante los sucesos de Badalona y Sevilla, pero es una exhibición de menosprecio y sarcasmo.
En Badalona, después del desalojo, los vecinos de una parroquia impidieron que algunas de las personas que dormían, duermen, bajo los puentes, pudieran alojarse en la iglesia del barrio. “Tenemos hijas” gritaban algunas mujeres, señalando a los inmigrantes violadores. Esa mirada cruel, despiadada e ignorante daba miedo.
Esa mirada empieza a verse ya en demasiados ojos. El miedo de estas mujeres a la barbarie que las acecha es la consecuencia de la desigualdad social, la explotación y la injusticia, la misma que quizás algunas de ellas sufran, y no la causa ni el color de la piel ni el país en que naciste. Nos están educando a mirar desde ese odio.
¡Feliz Navidad, Badalona!
Tomás Hernández







