Soria pura, cabeza de Extremadura / Tomás Hernández

La aventura electoral de Núñez Feijóo empezó en Extremadura hace unos meses y terminó este domingo de marzo. Con éxito. El partido ganó las elecciones en la Comunidad extremeña, repitió victoria en Aragón y subió dos escaños en Castilla y León. La campaña electoral de Núñez Feijóo me recuerda, por semejanza fónica, la aventura equinocial de Lope de Aguirre. La conquista de un Dorado que nunca alcanzaría, como el sueño de la Moncloa de Feijóo. También pensaba en la traicionera ambigüedad de la palabra éxito. Significa triunfo, pero también “puerta de salida” a la calle.

La Comunidad llamada Castilla y León es un disparate autonómico y un sinsentido histórico. Si te sientas en alguna de las terrazas de la plaza frente a la catedral de Burgos, no se te ocurra decir ¡qué hermosa es León! ni alabes la belleza de Castilla en una plaza de Astorga. Ya desde el “Poema de Mío Cid”, gentilhombre castellano, que cabalgaba en busca de soldada, los malos del relato son leoneses, Asur González, los infantes de Carrión.

Pero “dejemos lo de ayer y volvamos a lo de hoy”, como recomendaba algún clásico, creo. La estrategia del presidente popular consistía, al parecer, en aprovechar la extrema debilidad del gobierno de Sánchez, una vez más, y refrendar el poder autonómico en Extremadura, Aragón, Castilla y León, y, por último, coronarse en Sevilla con los buenos pronósticos electorales para Moreno Bonilla. El mapa del poder autonómico seguiría siendo azul, pero de un azul acerado como una mañana de primavera, un azul más fuerte, más poderoso. Pero, las victorias han aportado poca cosa al sueño de Feijóo. Es tan dependiente de Abascal como antes. Y ese era otro de los propósitos de la algarada electoral, neutralizar el chantaje de VOX con una mayoría suficiente para librarse de los de Abascal. Y no ha sido así. No hay gobierno en Extremadura ni Aragón y, si lo hay en Castilla y León, será bajo la bota campera de Abascal. Para este viaje no hacían falta elecciones.

En Soria ganó el PSOE. Con un candidato que no era un diputado en horas judiciales ni una ministra extrapolada de la Moncloa a Zaragoza por una nefasta decisión de Pedro Sánchez, que va a repetir en Andalucía.

Así que el PSOE, si no victorioso, tampoco puede sentirse muy derrotado. La sombra a la izquierda del PSOE empezó a desdibujarse en Extremadura y ha desaparecido del mapa de Castilla y León como fuerza política. Y eso no es bueno para los socialistas, ni para nosotros.

Empezamos hablando de la belleza de algunos rincones de Castilla y León y, mientras escribía de Soria, recordaba a Machado, que hizo de la ciudad castellana y de la andaluza Baeza su residencia espiritual.

Tomás Hernández

 

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