El euro digital es un proyecto impulsado por el Banco Central Europeo (BCE) que busca crear una versión electrónica de la moneda oficial de la zona euro. No se trata de una criptomoneda como el Bitcoin, ni de un producto financiero especulativo, sino de una forma de dinero digital emitida y garantizada por el BCE, con el mismo valor que las monedas y billetes en circulación. En palabras simples, sería como tener euros en el bolsillo, pero en formato digital y seguro, directamente respaldados por el banco central.
Para ello el BCE sostiene varios objetivos. El primero de ellos es el relativo a la, señalan ellos, la modernización de pagos: facilitar transacciones rápidas, seguras y baratas en toda la eurozona. Otra de las causas sería la reducción de dependencia tecnológica y ofrecer una alternativa europea a los sistemas de pago dominados por empresas extranjeras y evitar que monedas digitales privadas o extranjeras desplacen al euro en los pagos cotidianos.
Otros beneficios de la medida monetaria digitalizada sería garantizar que los ciudadanos siempre tengan acceso a dinero del banco central, incluso en un entorno cada vez más digitalizado y facilitar pagos electrónicos a personas no bancarizadas.
Ventajas es que el euro digital no tendrá volatilidad de precio, pues estará respaldado al 100% por el BCE. Se podrán hacer pagos instantáneos en toda Europa, al igual que mayor privacidad que otros métodos digitales, pues el BCE estudia mecanismos de protección de datos y se garantiza una seguridad absoluta, sin riesgo de quiebras bancarias.
Frente al dinero en efectivo: será más cómodo para pagos digitales, aunque coexistirá con los billetes y monedas físicas y frente a depósitos bancarios: no dependerá de un banco comercial, sino directamente del banco central, lo que lo hace más seguro.
El estado actual del proyecto es que el BCE lleva varios años investigando y realizando pruebas piloto. En octubre de 2023, entró en una fase de preparación que se extenderá hasta al menos 2025. Durante este tiempo se desarrollarán prototipos, se evaluará la infraestructura tecnológica y se debatirán aspectos legales y sociales.
La decisión final sobre su emisión dependerá de los resultados de esta fase y de la aprobación de las instituciones europeas.
En conclusión para el BCE es que el euro digital representa un paso histórico hacia la transformación del sistema financiero europeo. Aunque aún quedan retos técnicos, regulatorios y sociales por resolver, su desarrollo podría cambiar la manera en que usamos el dinero en el día a día, ofreciendo una alternativa digital segura, eficiente y respaldada por la máxima autoridad monetaria europea.
Protestas y críticas al euro digital
No obstante, el proyecto del euro digital suscita cada vez más debate y oposición en España y otros países de la zona euro. Las objeciones van desde cuestiones prácticas, técnicas o financieras, hasta temores sobre libertades civiles, privacidad y control estatal.
Ante la propuesta del BCE el principal foco de protestas han sido consumidores y asociaciones de consumidores: En España, la Asociación Española de Consumidores (Asescon) realizó una encuesta donde el 70 % de los ciudadanos declaró estar en contra de la implantación del euro digital, según informaba el diario La Vanguardia.
También, los Organismos del sector bancario y financiero han expresado su preocupación especialmente sobre los costes y la infraestructura necesaria. Por ejemplo, la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA) estima que la implantación podría costar entre 18.000 y 30.000 millones de euros en escenarios adversos.
Uno de los temores más destacados es que, al digitalizar por completo el dinero, se amplíe la capacidad del Estado para vigilar los gastos de los ciudadanos, con riesgos de que se impongan restricciones basadas en comportamiento, sostenibilidad, ideología, huella de carbono, etc. Y la preocupación de que no se garantice el anonimato que ofrece el efectivo, que es hasta ahora un medio de pago libre de rastros institucionales.
Posibles fallos en caso de emergencias: ¿ qué sucede si hay cortes eléctricos, fallos en comunicaciones, o ataques masivos técnicos? El efectivo es más resistente en esos escenarios según los críticos.
Pero pese a todo, parece que el BCE quiera acelerar los plazos. Por ejemplo, lo que se hablaba de aplicar en 2027 podría adelantarse a 2026 según algunas declaraciones, lo que genera incertidumbre sobre si habrá tiempo suficiente para debatir, probar y garantizar salvaguardas.
Pero los críticos insisten en que, aunque acepten el euro digital como complemento, el dinero en efectivo no debería eliminarse ni sustituirse, pues cumple funciones sociales y de inclusión: para personas mayores, zonas rurales, o quienes tienen menos acceso a la tecnología.






