Tema de tertulia / ¿Podría repetirse un apagón general como el de abril?

 

Según expertos, la espada de Damocles en forma energética está señalando a la red eléctrica española. puede haber un segundo gran apagón y este no estaría lejos, Los pelos de punta se ponen si éste se produjera en pleno invierno cuando la necesidad eléctrica es imprescindible para refugiarnos del frío. Pero ¿se están poniendo medios para que esto no ocurra? Hasta el momento el Gobierno parece seguir en su política de implementar las energías renovables, para algunos expertos la solución es el mix con las no renovables. A continuación explicamos distintos factores sobre un tema que preocupa a la sociedad en general.

El 28 de abril de 2025 la península ibérica se quedó a oscuras. En apenas segundos, un fallo en cascada dejó sin suministro eléctrico a millones de personas en España y Portugal, paralizando trenes, hospitales, fábricas y redes de telecomunicaciones. Lo que comenzó como una caída de generación puntual se convirtió en el mayor apagón de la historia reciente del país. Seis meses después, la pregunta persiste: ¿podría volver a suceder?

El sistema eléctrico peninsular está viviendo una transformación sin precedentes. La rápida expansión de las energías renovables, fundamental para cumplir los objetivos climáticos, ha reducido la “inercia” del sistema: esa capacidad que tienen los grandes generadores síncronos —centrales térmicas o hidráulicas— de estabilizar la frecuencia eléctrica gracias a la masa de sus rotores en movimiento.

Hoy, buena parte de la electricidad procede de aerogeneradores y paneles solares conectados mediante inversores electrónicos, sin inercia física. Esto hace que el sistema sea más eficiente y limpio, pero también más sensible a variaciones súbitas de carga o producción. “El apagón de abril fue una llamada de atención”, reconocen técnicos de Red Eléctrica. “Hemos ganado sostenibilidad, pero hemos perdido estabilidad dinámica”.

Según los análisis técnicos preliminares, el 28 de abril desaparecieron repentinamente unos 15 gigavatios de generación, el equivalente al 60 % de la producción activa en ese momento. Ese desequilibrio provocó una caída brusca de frecuencia, lo que a su vez activó protecciones automáticas que desconectaron más centrales y líneas, creando un efecto dominó imposible de detener. Las causas exactas siguen bajo investigación. Se habla de oscilaciones eléctricas no amortiguadas, errores de configuración en protecciones, e incluso de insuficiente coordinación entre operadores. Las autoridades han descartado por ahora la hipótesis de un ciberataque. El resultado fue una desconexión total del sistema peninsular, que tardó más de cinco horas en ser restablecido completamente.

Un riesgo que no desaparece

Los expertos coinciden en que un evento idéntico es poco probable, pero no imposible. La red ibérica es hoy más compleja y más interdependiente que nunca. Cualquier combinación de factores —falla técnica, sobrecarga, tormenta solar o error humano— puede desencadenar una cadena de eventos similar si el sistema no está preparado.

En las últimas semanas, Red Eléctrica ha detectado variaciones inusuales de tensión en varias zonas, lo que ha llevado a reforzar la vigilancia y a solicitar a la CNMC cambios urgentes en los protocolos operativos. “El riesgo cero no existe”, explica un ingeniero de la Asociación Española de Ingenieros de Energía. “La clave está en que, cuando algo falle, el sistema tenga capacidad de respuesta inmediata: reservas, baterías, y una buena coordinación entre operadores”.

Cómo se puede evitar otro apagón

Entre las soluciones que se están discutiendo destacan:

Aumentar la “inercia sintética” mediante control avanzado de inversores en parques eólicos y fotovoltaicos.

Refuerzo de interconexiones internacionales, especialmente con Francia, para estabilizar la frecuencia.

Implementar baterías de respuesta ultrarrápida que puedan aportar potencia en milisegundos.

Revisar los esquemas de protección y los procedimientos automáticos de desconexión.

Simular escenarios extremos de pérdida de generación para mejorar la resiliencia.

Algunas de estas medidas ya se están aplicando, pero su despliegue completo llevará tiempo y coordinación entre organismos.

Un futuro eléctrico… y vulnerable

La electrificación masiva —coches eléctricos, bombas de calor, centros de datos— hace que cualquier interrupción tenga consecuencias cada vez mayores. El apagón de abril mostró que la transición energética no puede basarse solo en producir energía limpia: también hay que garantizar que esa energía sea segura, estable y continua.

La península ibérica avanza hacia un sistema 100 % renovable, pero aún debe aprender a convivir con la volatilidad que eso implica. El reto no es evitar los fallos, sino asegurar que nunca más un fallo aislado deje a todo un país a oscuras.

¿Está haciendo el Gobierno lo suficiente para evitar otro gran apagón?
Seis meses después del histórico apagón que dejó a oscuras a España y Portugal, el Gobierno asegura que el sistema eléctrico está más preparado que nunca. Sin embargo, los expertos mantienen la cautela: muchas de las medidas anunciadas aún están sobre el papel, y los riesgos estructurales del sistema siguen presentes. Se ha puesto en marcha una batería de medidas para reforzar la red, mejorar la coordinación operativa y aumentar la resiliencia frente a crisis similares. La pregunta es: ¿basta con lo que se está haciendo?

El Ejecutivo ha aprobado un paquete de 65 actuaciones urgentes dentro del Plan de Desarrollo de la Red de Transporte 2021-2026, dotado con 750 millones de euros. El objetivo: reforzar los puntos críticos de la red, aumentar el control de tensión y mejorar la estabilidad en caso de oscilaciones eléctricas, tanto en la península como en los archipiélagos.

A medio plazo, el Gobierno también ha ampliado un 62 % el límite de inversión en infraestructuras eléctricas hasta 2030, lo que permitirá movilizar cerca de 13.600 millones de euros. Parte de ese presupuesto irá destinado a digitalizar subestaciones, desplegar sensores inteligentes y reforzar líneas de interconexión con Francia y Portugal.

Además, un Real Decreto-ley aprobado en junio introdujo nuevas exigencias técnicas para los operadores del sistema: inspecciones periódicas, informes trimestrales a la CNMC sobre estabilidad y tensión, y protocolos de reposición eléctrica más exigentes para las empresas distribuidoras.

Pero pese al impulso normativo y financiero, los analistas advierten de que la ejecución es el verdadero desafío. La construcción de infraestructuras eléctricas requiere años, y algunas de las tecnologías necesarias —como los sistemas de almacenamiento masivo o la “inercia sintética” para estabilizar la frecuencia— todavía no están completamente integradas en la red española.

“Las medidas son adecuadas, pero los plazos son largos y el riesgo inmediato no desaparece solo con decretos”, explica un técnico del sector energético. “La red sigue operando con baja inercia, y una perturbación importante podría volver a desestabilizarla si no hay suficiente capacidad de respuesta rápida.”

Otro punto débil es la coordinación entre administraciones y operadores. Red Eléctrica, la CNMC y el Ministerio para la Transición Ecológica trabajan conjuntamente, pero la dispersión de competencias y la lentitud administrativa podrían retrasar la implementación de medidas críticas.

La apuesta por las energías renovables —que ya superan el 60 % de la generación eléctrica— ha convertido a España en un referente europeo, pero también ha alterado el equilibrio técnico del sistema. Las fuentes renovables, al estar conectadas mediante inversores electrónicos, no aportan la inercia que antes ofrecían las centrales térmicas o nucleares.

Esto significa que, ante una perturbación, la frecuencia del sistema puede caer en cuestión de segundos, activando protecciones y desconexiones en cascada. Por eso, junto a la expansión verde, el reto ahora es garantizar estabilidad eléctrica y capacidad de respuesta inmediata. Sin embargo, las mejoras estructurales aún no se han consolidado, y el riesgo de un nuevo colapso, aunque reducido, no puede descartarse del todo.

En palabras de un informe interno de Red Eléctrica: “El sistema español ha mejorado su capacidad de respuesta, pero la transición energética exige medidas adicionales de control y almacenamiento si se quiere garantizar una operación segura a medio plazo.”

 

También podría gustarte